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ANALISTAS

Empresas y caída de la pobreza

miércoles, 21 de julio de 2021
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Mientras más florezca el sector privado, mayor la generación de riqueza. Como razonamiento al absurdo, imagine que toda la población económicamente activa es empleada. El imposible salta a la vista: por cada cierto número de trabajadores debe haber un patrono. Por eso, los docentes solemos desear que algunos alumnos no consigan empleo y que, en cambio, busquen generarlo.

Sin duda, el Estado es un empleador masivo al hacer empresa o al cumplir funciones constitucionales. Sobre lo primero, la historia muestra que los negocios marchan mejor cuando sus accionistas tienen el incentivo de enriquecerse legalmente en contraste a cuando son una rueda más de un engranaje burocrático estatal. Compare la bonanza actual del software en Bangalore con compañías públicas de la India, como la Hindustan Fertilizer Corporation, que durante la segunda mitad del siglo XX fueron famosas por su ineficiencia.

En cuanto al cumplimiento de la Constitución, es cierto que el Estado es el mayor empleador en Colombia e igualmente que algunas funciones estatales, no todas, son necesarias para facilitar el funcionamiento de los mercados y corregir sus fallas. Pero también es verdad que no todos debemos subsistir del Estado y que la riqueza surge es de la empresa privada.

El “palo de hockey” (https://www.core-econ.org/ the-economy/book/es/text/ 01.html#figura-1-1bb), denominada así por su parecido con este objeto, es una gráfica que mide el PIB per cápita desde el año 1.000. La gráfica muestra que el crecimiento fue casi nulo durante centurias, hasta 1.800, cuando inició el despegue que ha permitido a la humanidad progresar más en dos siglos que en el resto de su historia.

¿Por qué ese salto? Aunque los mercados existen desde tiempos remotos, una causa fue su auge desde la revolución industrial y, un siglo más tarde, de la producción en masa. Así, los mercados son un vehículo que, luego de haber estado estacionado mucho tiempo, inició el camino hacia la prosperidad.
Un mercado es un encuentro entre vendedores y compradores. La oferta son los empresarios que comercializan productos de interés para sus clientes, que son la demanda. Aquí ocurre la paradoja descrita por Adam Smith: el empresario “egoísta” al intentar maximizar su bienestar impacta positivamente a su entorno, generando empleo, contratando proveedores, creando conocimientos que inicialmente son propiedad privada, pero que luego son bienes públicos, ofreciendo precios “bajos” cuando los mercados se acercan a la competencia ideal o, si la competencia es imperfecta, destinando parte de sus rentas a la filantropía, la investigación o el bienestar de los habitantes de sus zonas de influencia.

Estas ideas son aplicables a Colombia. Basta mirar las cifras de las grandes empresas que ciertas revistas presentan anualmente para imaginar el malestar económico resultante si tales compañías faltasen. Pero también han sido las empresas de menor tamaño las que, con su pujanza, han contribuido a que Colombia, a pesar de sus problemas, haya mantenido una economía estable y, si bien a un ritmo más lento del esperado, comenzado el tránsito de la pobreza a la riqueza.