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Inflación y Política Monetaria

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José Ignacio López Director Ejecutivo Investigaciones Económicas en Corficolombiana

Esta semana el Dane reveló las cifras de inflación para el mes de octubre. Dichas cifras confirmaron las expectativas del mercado, mostrando un ligero aumento en la tasa anual de crecimiento de los precios que alcanzó 3,86% frente a 3,82% observado en septiembre. La inflación de alimentos, que ha sido el rubro detrás del aumento de la inflación en lo corrido del año, aumentó a 5,89% en octubre de 5,64% registrado en septiembre. Si bien parte de los choques climáticos que fueron responsables del aumento de los precios de los alimentos durante el primer semestre han quedado atrás, la devaluación del peso y su efecto en los insumos agrícolas ha empezado a presionar al alza los precios de varios alimentos. Adicionalmente la reciente temporada de lluvias ha tenido un efecto adverso sobre algunos productos.

La inflación de los bienes transables, todos aquellos que se comercian con el resto del mundo, ha venido también en aumento como resultado de la devaluación del peso, no solo de los últimos meses, sino también del año pasado -dado el rezago de la devaluación en los precios de los bienes de consumo. La tasa anual de inflación de bienes transables alcanzó 1,89% en octubre, superior a la de 1,66% registrada en septiembre. Con este aumento, la inflación de bienes transables aportó cinco puntos básicos a la inflación total adicionales a lo registrado en septiembre.

La mayor inflación de bienes transables fue parcialmente compensada por una reducción en la inflación de los bienes no transables, en su mayoría servicios, que cayó de 3,53% en septiembre a 3,44% en octubre, contribuyendo a una reducción de cuatro puntos básicos a la inflación total. Dentro de este rubro, vale la pena destacar el buen comportamiento de los alquileres, tanto efectivos como imputados, que muestran un incremento anual de 2,8% y que sumados son el rubro que más pesa dentro de la canasta familiar.

Con estas cifras de inflación, el Banco de la República no tiene ningún espacio para reducir sus tasas de interés. Por lo tanto, frente a la debilidad del mercado laboral, una política monetaria más laxa no es una alternativa. Por otro lado, en la medida que las expectativas de inflación no aumenten de forma importante, y las diferentes medidas de inflación básica, que abstraen el efecto de alimentos y otros bienes con alta volatilidad de precios, no se aceleren, el Banco de la República debe tener la paciencia para esperar el desenlace de muchas de las presiones inflacionarias de corto plazo, antes de pensar en un aumento de tasas. El balance de fuerzas es complejo, pero la autoridad monetaria debe tener el estómago para tolerar este aumento de la inflación, bajo el supuesto de los choques de oferta se disiparán en los próximos meses.

Un análisis histórico de los choques de precios de alimentos sugiere, que una vez que el choque termina, la presión inflacionaria se corrige rápidamente y en un horizonte de tres a cinco meses se reduce a la mitad. Si en noviembre tenemos mejores datos de precios de alimentos, podemos esperar que la inflación cierre en 3,8% este año y que tengamos inflaciones cercanas a 3,5%-3,6% durante los primeros meses de 2020.

De no ser éste el caso, la autoridad monetaria se encontrará en la incómoda posición de aumentar tasas de interés para contrarrestar choques de oferta con el objetivo de mantener ancladas las expectativas de inflación.

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