Analistas

La levedad de los indicadores

GUARDAR

Algunos indicadores financieros que antes eran relevantes han perdido importancia. Y ahora han alcanzado tal nivel de levedad que ya no dicen nada. Una de tales mediciones es la relación entre el saldo de la deuda pública y el PIB. Este era un índice ácido que permitía conocer la situación fiscal de los países. En los noventa, esta relación causaba alarma cuando llegaba a 30%. En 1993, en el peor momento de la llamada crisis de la deuda latinoamericana, en Argentina el saldo de la deuda pública con respecto al PIB era de 28%.

Hoy estos porcentajes parecen pequeños. En los países de la Ocde, la relación es superior a 100%. Y en el último informe del Banco de Pagos Internacionales se hacen proyecciones que eran impensables hace 10 años. En  2050 el saldo de la deuda del gobierno central (federal) de los Estados Unidos con respecto al PIB sería de 220%. La del Reino Unido de 90%. La de Alemania de 140%. La de Japón de 390%. Al observar la tendencia desde 2010, en la mayoría de los países la deuda crece de manera continua. Alemania, que ahora humilla a Grecia, entre 2010 y 2050 duplicaría su deuda de 70% a 140%.

Estos datos sorprendentes muestran, como lo reconoce el Banco de Pagos Interna-cionales, la poca utilidad del indicador. El 28% era una cifra alta en el caso de Argentina, pero ahora porcentajes mayores de 100% ya no causan mayor preocupación. La medida ha perdido relevancia y no hay otra medición alternativa. Antes al paciente se le diagnosticaba fiebre alta cuando el termómetro marcaba 30. En tales circunstancias se le aplicaban medidas urgentes como el plan Brady para Argentina. Hoy el paciente (los países de la Ocde) tienen fiebres superiores a 100, y nadie parece estar preocupado. Entre otras razones, porque el enfermo sigue vivo. E, incluso, se dice que su salud no es grave, y en el caso de Alemania se le permite que continúe aumentando su deuda pública. Y, todavía más, la salud de la economía alemana se pone de ejemplo frente a Grecia.

La relación entre el saldo de la deuda pública y el PIB ha dejado de ser un buen indicador del estado de la economía. Y esta conclusión es grave por tres razones. i) La primera porque no existe una medida alternativa. El Banco de Pagos Internacionales busca un índice sustituto y todavía no lo encuentra. ii) La segunda porque la regla fiscal continúa teniendo como parámetro de medida el saldo de la deuda pública con respecto al PIB. Y si la situación de la economía ya no se puede medir con esta relación, la regla fiscal pierde relevancia como guía de las decisiones de la política económica. El mal ejemplo de Alemania, Reino Unido, Japón y Estados Unidos deslegitima la regla fiscal. 

En esta coyuntura, cuando la economía colombiana necesita desahorrar para reactivar la demanda, se propone una “austeridad inteligente” guiada por una regla fiscal que los países de la Ocde no aplican. iii) La tercera razón es la más compleja. La volatilidad de la relación del saldo de la deuda con respecto al PIB es la expresión más clara de la falta de ancla de los movimientos financieros de las economías contemporáneas. Los gobiernos emiten y se endeudan cuando lo juzgan conveniente. Y en este proceso no hay controles. Las tendencias especulativas van a continuar, y en 2050 la volatilidad será mayor que la actual. El problema no es solamente de Grecia, España, Portugal o Italia. El mal también está enquistado en Alemania.
 

LA REPÚBLICA +

Registrándose puede personalizar sus contenidos, administrar sus temas de interés, programar sus notificaciones y acceder a la portada en la versión digital.

GUARDAR
MÁS LR

Agregue a sus temas de interés

MÁS LR

Agregue a sus temas de interés