Analistas

Fragilidad de la economía mundial

Durante 2017 la economía mundial se hizo más frágil. Entre todos los hechos que han sucedido se destacan dos: la tendencia a la disminución de los impuestos, y los aumentos considerables del saldo de deuda con respecto al PIB.

1. La tendencia a la disminución de los impuestos

Estados Unidos acaba de ponerle el acelerador a la “carrera de mínimos”, como llama Oxfam a la presión mundial por reducir la tributación. Termina el año 2017 con un mensaje dogmático, que tiene mucha eficiencia comunicativa: “la disminución de impuestos a las empresas favorece la competitividad”. Estados Unidos ha puesto la vara muy baja, y la decisión del Senado acentuará la carrera de mínimos. Es muy fácil afirmar que las empresas son más competitivas cuando se les disminuyen los impuestos. Esta lógica argumentativa se está extendiendo por el mundo entero como una plaga, y cada vez será más difícil para los gobiernos revertir esta tendencia de los impuestos a la baja. En Colombia, los candidatos a la presidencia han optado por dos caminos. O afirman, claramente, que entrarán en la carrera de mínimos y que continuarán reduciendo los impuestos. O, en el mejor de los casos, guardan silencio.

Las empresas y las familias se ponen felices cuando disminuye los impuestos. Y los políticos, como lo han hecho los republicanos en Estados Unidos, explican que la caída de la tributación no es problema porque la recuperación de los equilibrios fiscales es automática y endógena: si la competitividad aumenta, la inversión crece, la economía se recupera, y aún con tarifas bajas los ingresos fiscales vuelven a subir. Por tanto, concluyen, la disminución de impuestos es un bien intrínseco, que mejora el bienestar, aumenta el consumo, favorece la productividad. Y, sobre todo, no tiene ningún costo.

En esta carrera de mínimos se olvida que en los años 70, cuando los tasas marginales a los impuestos a la renta podían llegar a 90%, la productividad de las empresas alcanzó niveles sin precedentes. De acuerdo con los cálculos que hizo el Banco de Pagos Internacionales (BPI) en su informe de 2016, en 1970 el índice de productividad de las empresas era de 208 puntos. El índice bajó y ahora es de 22 puntos. Esta caída de la productividad ha ido a la par con una reducción de los impuestos. El diagnóstico del BPI claramente va en contra del simplismo del discurso de Trump.

En su miopía, la clase media no se da cuenta que la reducción de las tarifas es mayor en el rango alto de los ingresos, y se niega a ver que la concentración del ingreso va a aumentar. Los grandes favorecidos son el 1% más rico. En sus mensajes populistas, Trump y de los republicanos están diciendo que al bajar los impuestos la clase media resultará siendo la gran beneficiada. 2018 será un año de bajos impuestos, y el ejemplo de los Estados Unidos se extenderá por el mundo entero.

2. Deuda pública y fragilidad financiera

La presión por reducir impuestos se manifestará en una profundización de los saldos de la deuda pública. En contra de los argumentos a favor del ajuste endógeno, la realidad está mostrando un crecimiento notable de la deuda pública. La lógica es relativamente sencilla: los gobiernos bajan impuestos pero son incapaces de disminuir el gasto. Los datos son contundentes. Entre 2006 y 2016 el saldo de la deuda pública, como porcentaje del PIB, subió. En Alemania pasó de 66% a 68%, en Austria de 67% a 85%, en Bélgica de 91% a 106%, en Canadá de 53% a 73%, en España de 39% a 99%, en Francia de 64% a 97%, en Estados Unidos de 58% a 99%, en Italia de 102% a 133%, en Japón de 147% a 201%. En síntesis, los saldos de la deuda pública han llegado a niveles sin precedentes. Y el desbalance se agudizará después del recorte de los impuestos en Estados Unidos. Los republicanos no se dan cuenta que su saldo de deuda pública ya bordea 100% del PIB. Es ingenuo afirmar que la reducción de impuestos cambiará estas tendencias. Los países se ríen de las reglas fiscales, y la carrera hacia la mínima tributación acentúa los desequilibrios.

El desequilibrio se acentuará. La deuda pública del gobierno federal en Estados Unidos llegaría a 220% del PIB en el 2050. Estas proyecciones del BPI serán peores cuando incluyan la reducción de impuestos que se acaba de aprobar.

Pero la deuda pública no solamente es problemática por los desequilibrios fiscales que genera. El endeudamiento del Estado contribuye a la volatilidad financiera internacional. En 2017 se siguió consolidando la separación entre el mundo real y el mundo monetario/financiero. Las dinámicas financieras están llevando a la conformación de burbujas. En 1980, a nivel internacional, la relación entre los activos financiero/monetarios y el PIB era de 1,1 veces. La relación aumentó a 12,1 en el 2016, y esta asimetría genera volatilidad y vulnerabilidad.