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Economía y descontento social

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Joel Virgen

La agenda de política económica pudo haber sido uno de los principales catalizadores del descontento social que se ha manifestado en Colombia. Sin embargo, el corazón del malestar parece estar en el desencanto de los ciudadanos ante las condiciones económicas, políticas y sociales que ha enfrentado el país durante los últimos años; situación que, además, parece haber motivado otras manifestaciones sociales en Latinoamérica. En ese sentido, cobra relevancia analizar las potenciales implicaciones de esta coyuntura frente al escenario económico para 2020.

La primera variable a considerar, es la afectación que las protestas sociales podrían tener frente a los patrones de consumo, producción y confianza de los consumidores o productores, y por ende frente a las estimaciones de crecimiento económico. A pesar de que en noviembre el crecimiento económico del tercer trimestre sorprendió favorablemente (3,3% anual observado versus 3,0% en nuestra estimación), la coyuntura actual hace pensar que el crecimiento del año estará cercano 3,0% y el siguiente será del 2,8%, es decir, un crecimiento económico modesto.

En segundo lugar, se debe evaluar lo relativo a la inflación, pues la coyuntura encuentra una inflación muy cercana al intervalo superior (4%) del objetivo del Banco de la República. Lo anterior, cobra relevancia si se tiene en cuenta la significativa depreciación que el peso ha mostrado frente al dólar en el último mes -superior a 5%-, pues este incremento eleva el riesgo de observar una mayor inflación en los meses próximos. En este sentido, vemos una inflación que podría permanecer por mayor tiempo alrededor de 4% o inclusive en un nivel ligeramente superior en los meses inmediatos.

La tercera implicación de esta situación, podría estar atada a las modificaciones del tono y expectativa de alza en el tipo de referencia de política monetaria por parte del Banco de la República. En lo particular, veo una ventana para que BanRep elimine las actuales condiciones de la política monetaria y eleve en un par de ocasiones, enero y marzo de 2020, en 25 puntos base, expectativa que, además, podría reforzarse si se da una revisión del salario mínimo en un nivel superior a 5%.

Por último, debemos evaluar el incremento de la incertidumbre fiscal, ya que, más allá de una sobre-estimación de los ingresos públicos ante un panorama muy constructivo asumido por el Ministerio de Hacienda, se espera el surgimiento de nuevos retos como consecuencia de las medidas encaminadas a responder las actuales demandas sociales. Frente a esto, el cumplimiento de la meta de 2,3% del PIB en déficit (en línea con la regla fiscal) se ve lejano y requerirá de ajustes significativos en el gasto, panorama que incrementa el riesgo de un nuevo recorte en la calificación crediticia durante 2020.

A pesar de lo anterior, es importante mantenerse optimista, pues el escenario macroeconómico para Colombia está lejos de ser comparable con el de algunos de sus pares regionales. La diferenciación relativa tiene importancia y de ahí debe partir el escenario propuesto, sin perder de vista la lógica de mercado, donde Colombia tiene un comparativo regional que la ubica en una posición constructiva.

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