sábado, 14 de diciembre de 2019

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Como el fin de una era han caracterizado distintos medios internacionales la renuncia de Sergey Brin y Larry Page, presidente y CEO respectivamente de Alphabet, la compañía formada hace unos años a partir de múltiples activos pertenecientes a Google. Sin una razón explícita ni previo aviso, hace unos días se anunció su retiro y el nombramiento de Sundar Pichai, hasta ahora CEO de Google, como el elegido para llevar las riendas, de una de las compañías más icónicas de la industria de la tecnología, en los próximos años. Sergey y Larry continuarán prestando servicios como asesores, pero no tendrán cargos ejecutivos.

Sergey, nacido en Rusia, es hijo de una investigadora de la Nasa y de un profesor de matemáticas en la Universidad de Maryland, siguió los pasos de su padre y emprendió la carrera de Matemáticas de la Universidad de Maryland, para luego realizar un doctorado en Ciencias de la Computación en la Universidad de Stanford. Fue allí donde conoció a quien años más tarde sería su socio, Larry Page, cuya madre era profesora de programación en la Universidad de Michigan, y su padre, de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial, pionero en la materia en la misma institución y en la Universidad de Carolina del Norte. Ambos perfiles son bastante similares en términos de formación profesional en temas tecnológicos, con relativa poca experiencia en administración de negocios, al menos cuando se dieron a la tarea de fundar Google.

En algunos casos, este tipo de fundadores puramente técnicos, pueden formarse en temas administrativos, pero en muchos otros se requiere de un perfil completamente distinto porque no es lo mismo pilotar la empresa en la fase de despegue que cuando ésta crece. Es precisamente por eso y gracias a su capacidad de reconocer sus deficiencias y necesidades que ya en otra ocasión, por allá por 2007 tomaron la decisión de traer a un ejecutivo profesional como Eric Schmidt para que les ayudara a manejar la compañía y la encaminara al éxito.

El ejemplo de Google, así como el de Uber y cientos de empresas más donde por una u otra razón, sus fundadores dejan el mando en manos de ejecutivos operadores con larga trayectoria hace que reflexionemos sobre lo difícil que puede ser, en particular cuando una salida a Bolsa está en el horizonte, que una compañía sea gestionada adecuadamente por su fundador.

La salida del polémico Travis Kalanick como CEO de Uber, la empresa que cofundó hace una década y que ahora es dirigida por un gestor experto, previamente CEO de Expedia como es Dana Khosrowshahi, puso encima de la mesa este debate hace un par de años. El caso de Uber pareciera confirmar que no todos los emprendedores están capacitados para gestionar sus compañías cuando éstas crecen. La diferencia radica en si la decisión es tomada proactivamente por ellos siendo conscientes de lo que es mejor para la empresa o en el caso contrario, cuando los inversionistas o las juntas directivas tienen que tomar la difícil decisión.

Algo que la historia ha demostrado es que la capacidad de un fundador de formar un equipo interdisciplinario que le ayude a complementar sus habilidades es una fórmula de éxito. El principio básico que reza “rodéate de gente que gestione mejor que tú” fue evidente en el caso de Apple, donde Steve Jobs construyó un equipo directivo con un operador como Tim Cook, John Ive, el genio del diseño y Phil Schiller, un genio en marketing que hasta el día de hoy sigue cosechando éxitos y generando valor para los inversionistas de Apple.