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El final de la burbuja tecnológica 2.0 se acerca

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Este fin de semana, refundido entre titulares relativos al Super Bowl 50 y las elecciones primarias en los Estados Unidos, me encontré con un artículo en el diario USA Today del periodista John Shinal titulado “Bye Bye Internet Bubble 2.0”. El artículo hace un análisis detallado del comportamiento de las acciones de compañías que en algún momento en los cinco años anteriores han generado inmensas expectativas tanto con inversionistas institucionales como con el público en general. La fotografía que presenta el análisis no es nada reconfortante para empresas detrás de las redes sociales Twitter y LinkedIn hasta grandes del comercio electrónico como Groupon y Alibaba, pasando por Netflix y el portal de citas cibernéticas Match.com, todos ellos con el valor de sus acciones perdiendo entre 30 y 70% comparados con su máximo en el último año. 

El caso más sonado en los últimos días es de la red social LinkedIn, que desde su salida a la bolsa en 2011 ha sido una de las acciones favoritas de los administradores de fondos de inversión y luego de cotizarse a mas de tres veces su valor de salida en 2011, en los últimos días ha caído precipitadamente a niveles similares a los que tenía hace cuatro años. En un solo día, las acciones de la compañía bajaron más de 40% en una jornada negra que ha puesto en duda su viabilidad a largo plazo. 

El principal motivo de esta caída es que aunque los ingresos aumentaron año a año, las ganancias del último trimestre de 2015 están muy por debajo de lo que esperaban los analistas de Wall Street. Aunque los ejecutivos de la compañía han tratado de explicar los US$165 millones en pérdidas del 2015 aduciendo que la empresa realizó importantes inversiones estratégicas que todavía no han materializado sus beneficios financieros, esto no ha servido para frenar la pérdida de confianza de los inversionistas. No hay que escudriñar mucho los resultados para darse cuenta que las pérdidas se deben, entre otras cosas, a unos mayores gastos. LinkedIn ha gastado grandes cantidades de dinero en la adquisición de compañías como la plataforma de formación en línea Lynda (US$1.400 millones), en la contratación de personal de ventas y en ampliar su presencia en China y otros mercados fuera de Estados Unidos. Todo ello, con el afán de expandir su negocio.  Mientras, su actividad en Europa, Oriente Medio, África y Asia-Pacífico se enfrenta a presiones derivadas de la creciente fortaleza del dólar y las actuales condiciones económicas.

Es innegable que las redes sociales son un fenómeno que se ha convertido en parte de nuestra vida social, personal y también en el trabajo. Allí, particularmente donde la importancia de tener un perfil activo dentro de una red como LinkedIn se ha convertido en una herramienta vital para moverse en el mercado laboral, es innegable que esta compañía tiene un éxito garantizado a largo plazo. 

No obstante, a diferencia de compañías privadas como Uber, Lyft y muchos otros de los llamados “unicornios”, el hecho de cotizar en la bolsa, pone de inmediato una fuerte presión en lo que los americanos llaman “bottom line”, es decir las ganancias netas de la compañía. El inversionista profesional que maneja los dineros de un fondo de pensiones, no puede arriesgarse y una mínima indicación de peligro en el futuro de la compañía, genera oleadas de ventas, las cuales tumban el precio de la acción. El gran problema de los negocios como LinkedIn y el sufrido Twitter, más allá de la innegable relevancia que tienen como plataforma de ocio o trabajo, sigue siendo el mismo: no hay un camino claro que demuestre su capacidad para hacer dinero a partir de la gran base de usuarios que manejan. El único jugador en las redes sociales que puede sobrevivir al inminente desinflamiento de la burbuja, aunque su acción también haya sufrido bastante, es Facebook. Para muchos, Facebook ya ha dejado de ser una red social, y es más una plataforma de publicidad o un negocio social, al haberse transformando en una plataforma en la que la publicidad cada vez es más cara y en la que todas las empresas quieren estar. 

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