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Drones: juguetes con más peligros que beneficios

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Uno de los temas que más curiosidad y publicidad generó durante la pasada feria CES 2015 en Las Vegas, donde se presentan cada año las innovaciones tecnológicas mas importantes en cuanto a electrónica de consume se refiere, fueron los llamados drones de uso doméstico. Días más tarde, uno de estos aparatos acaparó las portadas de diarios y los titulares de muchos noticieros, al conocerse que había aterrizado de manera aparatosa en los terrenos de la Casa Blanca. El incidente afortunadamente no causó daños a personas ni funcionarios del gobierno estadounidense, quienes rápidamente reportaron el hecho a través de las redes sociales y confirmaron que ya se conocía la identidad del operador del dispositivo.

El servicio secreto, la famosa agencia de seguridad encargada de vigilar y proteger la integridad del primer mandatario estadounidense, aseguró que el dron estaba siendo usado por motivos recreativos cuando la persona que lo operaba perdió el control y el aparato rebasó el perímetro de seguridad para caer sobre los terrenos de la residencia presidencial. Versiones posteriores indicaron, que aunque pareciera una excusa muy trillada, el piloto del artefacto lo hizo bajo la influencia del alcohol.

La evidencia más clara de que los drones, estos aparatos aéreos no tripulados que hace varios años empezaron a ser noticia por sus usos militares, han empezado a convertirse en algo cotidiano podría ser el hecho que la Real Academia de la Lengua Española incluyó el término en 2014. El aumento en la oferta de los mismos y la bajada de precios que los han hecho asequibles al ciudadano común y corriente se ha convertido en un motor importante para la industria y los negocios y aplicaciones relacionados con los mismos.

Como de costumbre, nos enfrentamos de nuevo a una tecnología que va uno o más pasos más delante de la regulación y que se convierte en un potencial elemento disruptivo para industrias tradicionales, en este caso la de la aviación y la mensajería. El problema de este tipo de avances tecnológicos comienza desde el momento en el que su uso se vuelve tendencia y en muchos casos norma para la evolución de un servicio.  La industria de la fotografía y el video comercial, han acogido el uso de los drones y los han convertido en un elemento diferenciador para muchos profesionales de la materia.  De la mano de estas aplicaciones empiezan a surgir productos que con menos prestaciones y un menor costo, representan un complemento que genera la evolución de fenómenos virales como los “selfies” y los videos filmados con cámaras “POV” como las conocidas “GoPro”.

Una de las aplicaciones más interesantes de los drones y la cual ha causado sensación en los medios, es la idea de utilizarlos como un mecanismo de entrega de paquetes y carga liviana. Empresas como DHL y Amazon realizan pruebas con diferentes modelos, con el fin de determinar la viabilidad del servicio, la cual por el momento pareciera estar limitada a condiciones muy excepcionales donde se dificulte el acceso por otros medios, como puede ser el envío de bienes a zonas de desastre o emergencia. Los beneficios de la utilización de drones para actividades logísticas son evidentes, el dilema se presenta a la hora de controlar el uso del espacio aéreo así como los asuntos de privacidad en los casos en que los mismos cuenten con cámaras fotográficas o de video.

Los reguladores en varios lugares del planeta trabajan para redactar nuevas leyes sobre el uso de drones comerciales para la agricultura y los medios de comunicación. El riesgo que una tecnología innovadora enfrenta cuando los  gobiernos toman una posición cómoda, es que ese vacío legal que se llene con regulaciones enfocadas en limitar su uso de manera restrictiva, en lugar de crear un marco legal que acoja las diferentes aplicaciones y necesidades de consumidores y empresas.

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