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Automóviles eléctricos: un sueño frustrado

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En las últimas semanas, el tema de los automóviles eléctricos ha sido protagonista en las noticias del ámbito tecnológico, desafortunadamente los titulares no han sido positivos y las preocupaciones de la industria automotriz y de los consumidores empiezan a salir a flote. Esta semana, la compañía Fisker, pionera en el diseño y fabricación de autos eléctricos, fundada en 2007 por Henry Fisker, veterano de la industria, que pretendía fabricar 15.000 vehículos al año en una planta en Finlandia (la misma en la que se construyen autos de la alemana Porsche), se declaró en bancarrota y sus restos fueron adquiridos por un grupo inversionista asiático. Los problemas financieros de una compañía que le apuesta a una tecnología de punta y que pretende cambiar paradigmas y revitalizar una industria son pan de todos los días, lo grave del caso de Fisker es que se convierte en la segunda empresa a la cual el gobierno del presidente Obama le prestó dinero como parte de su programa de fomento a emprendimientos que desarrollen sistemas de energías limpias y renovables, programa idead por el saliente secretario de Energía, Steven Chu.

Esta vez los contribuyentes estadounidenses vieron esfumarse US$143 millones, parte de un crédito que permitió el funcionamiento de la compañía por los últimos años, los cuales se sumaron a los casi US$500 millones  que corrieron la misma suerte cuando la difunta Solyndra, fabricante de innovadores paneles solares cilíndricos tampoco pudo sobrevivir. 

El caso de Tesla Motors, otro pionero de la tecnología de vehículos 100% eléctricos es un poco mas alentador, si consideramos que a diferencia de Fisker, gracias a su salida a la bolsa y al esfuerzo de mercadeo encabezado por su fundador, el físico surafricano Elon Musk (fundador de PayPal), Tesla ya pagó un préstamo de mas de US$400 millones al gobierno de Obama y la demanda de su nuevo modelo S está superando la capacidad de fabricación, lo cual demuestra un voto de confianza del consumidor americano hacia la compañía pero mas allá es un aval de la viabilidad comercial de la tecnología. Las cosas pintaban bastante bien para Tesla hasta hace unas semanas cuando aparecieron reportes sobre varios automóviles incendiados debido al rompimiento de las baterías en casos de colisiones severas. El ruido que estos casos aislados ha empezado a generar podría llegar a amplificarse y afectar al imagen que se ha tratado de dar a los vehículos eléctricos sobre su seguridad y confiabilidad. Los defensores de la nueva tecnología, simplemente argumentan que en los autos convencionales, la gasolina podría encenderse con mayor facilidad y se quemaría incluso de manera mas agresiva que una batería. La ventaja que tienen los vehículos tradicionales es que el diseño de los tanques de gasolina se beneficia de 120 años de desarrollo intensivo y de regulaciones  sobre la forma de hacerlo seguro, a diferencia de lo que pasa con una industria que apenas está en su infancia. 

Una tecnología que transforma una industria centenaria siempre encontrará detractores y defensores, siempre se enfrentará al hecho de que la sociedad no desarrolla su infraestructura en anticipación a las necesidades futuras, es por eso que se necesitan innovadores y en algunos casos “víctimas” y sacrificados para lograr vencer la inercia inherente del mundo. Lo que no tiene discusión, es que los combustible fósiles van a acabarse en algún momento, cuándo llegaremos a ese famoso “pico de Hubbert” no es claro, es por eso de vital importancia la inversión en el desarrollo de tecnologías que nos preparen para ese inevitable futuro.

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