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Adquisiciones estratégicas: cuando lo esencial es invisible

Hace un par de semanas el mundo de las redes sociales recibió una noticia inesperada. La adquisición por parte de Facebook de la empresa Instagram, desarrolladora de una aplicación para teléfonos móviles que permite tomar fotografías, editarlas y compartirlas con amigos a través del correo electrónico y las redes sociales.

Uno de los mayores atractivos de Instagram es su simplicidad de uso, luego de tomar una foto, permite aplicar filtros a la imagen que hacen que ésta simule haber sido tomada por cámaras convencionales, emulando la textura o la gama de colores de una instantánea Polaroid o la viñeta de las famosas cámaras Lomo. Una vez que el usuario elige el filtro deseado, la foto es subida a su perfil en línea y compartida con los demás usuarios de la plataforma.

La pregunta que el mercado y los usuarios de Facebook no han podido contestar es ¿por qué pagar US$1.000 millones por Instagram? Una empresa con menos de dos años de vida, no mas de 15 empleados, ingresos irrisorios, que durante su última ronda de inversión estaba valorada en unos US$500 millones  y hace sólo un año en no más de 100 millones.

¿Será esto una apuesta similar a la que hizo Google años atrás al comprar YouTube? ¿Tiene sentido pagar más de  US$30  por cada uno de los cerca de 30 millones de usuarios de Instagram, cuando seguramente un gran porcentaje de ellos ya son clientes de Facebook?
 

Como en la mayoría de las adquisiciones estratégicas, las razones esenciales y críticas de la compra no son evidentes. No se puede hablar de una integración vertical o de la consabida búsqueda de sinergias y oportunidades para disminuir costos de operación o distribución, cuando existe una disparidad tan grande entre el tamaño del comprador y el del adquirido.

Pensar que es una movida defensiva simplemente para bloquear a competidores como Twitter o Google es razonable, pero no puede ser el único motivo. La lógica de la compra parece estar centrada en el hecho de que Facebook ve el futuro de su plataforma y el de las redes sociales tanto en la movilidad como en la fotografía. Facebook entiende que su fortaleza va más allá de conectar a sus usuarios y de ser un distribuidor de contenidos. Facebook es entre otras cosas, un enorme álbum de fotografías en línea y aunque en la parte móvil ha venido creciendo, no ha generado la misma tracción que Instagram.

La adquisición refuerza la apuesta de Facebook en ambos segmentos, los convierte claramente en los pilares de su crecimiento y al mismo tiempo le permite eliminar al jugador que más cerca estaba de convertirse en un serio enemigo.
Algo que seguramente los creadores de Instagram en algún momento soñaron, fue que su producto desbancara a las aplicaciones para tomar fotos que vienen cargadas de fábrica en los teléfonos móviles. Si este sueño llega a concretarse, Facebook quedará en una posición privilegiada frente a compañías como Apple, Google o Microsoft que controlan los sistemas operativos de estos dispositivos.
 

Muchos analistas coinciden con la opinión de que una buena parte del éxito de este tipo de compras, está relacionada con el nivel de independencia y libertad que se le permite mantener al equipo que fue adquirido, aunque para otros esto puede limitar el aprovechamiento de las sinergias y los valores estratégicos que cada parte aporta.

En el mundo de las adquisiciones, el tiempo se convierte en el juez que determina si los participantes logran justificar el valor pagado y si las razones estratégicas que determinaron la compra eran correctas. Para la muestra, un botón, ya ha pasado casi un año desde la sonada compra de Skype por parte de Microsoft y todavía no se han visto señales claras de los resultados o de la integración de la plataforma a los servicios y productos del gigante de Redmond.