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Analistas 30/01/2021

Adaptación, desempeño y transformación

Se terminó el primer mes del año y quienes esperaban que 2021 marcara el final de la crisis ocasionada por el covid-19 se han llevado una enorme decepción. Este año estamos siendo espectadores y también protagonistas de la segunda temporada de la pandemia que viene con la esperanza de una vacuna que aún no llega y que nos obliga a tomar plena conciencia sobre la fragilidad e impredecibilidad del mundo en que vivimos. Esta innegable realidad nos conmina a reorientar nuestros pensamientos y actuaciones con el fin de hacer posible el cumplimiento de los propósitos personales, familiares, profesionales y sociales que hayamos identificado, e implica la responsabilidad de desarrollar con presteza, tres capacidades indispensables para sortear con éxito los desafíos que ya llegaron.

El punto de partida es la adaptabilidad. La velocidad con la que el mundo está cambiando puede llevarnos a perder el norte con facilidad y la resiliencia -tan mencionada en el último año- es fundamental pero insuficiente. Por tal razón ajustarnos a la volatilidad actual requiere complementar esa resiliencia con altas dosis de flexibilidad y visión de futuro, asegurando que contamos con la apertura mental y la fortaleza necesarias para asimilar las alteraciones del entorno de manera rápida y eficaz.

No debemos perder de vista la segunda habilidad, que consiste en centrar nuestra atención en el desempeño, que nos moviliza a la acción y a la ejecución. Las actitudes estáticas son una permanente amenaza para la obtención de los resultados que queremos y necesitamos, y nos puede conducir al indeseable camino de la procrastinación, en el que las tareas urgentes se posponen indefinidamente con la cómoda justificación de que es necesario minimizar los riesgos y esperar a que las cosas se normalicen antes de actuar, olvidando que, si no logramos resultados en el presente, el futuro se torna aún más incierto, ambiguo y escarpado.

La tercera capacidad es la transformación. La estrategia que hoy funciona bien probablemente no será apropiada para el futuro y, por lo tanto, además de entender y asimilar los constantes cambios que presenciamos, sus causas, implicaciones y consecuencias, se hace indispensable complementar nuestras competencias tradicionales con aquellas necesarias para mantener la relevancia y la competitividad. En esta segunda temporada es preciso evitar a toda costa la siempre amenazante obsolescencia y para ello debemos asumir el control de nuestro propio crecimiento, aprendiendo lo que necesitamos saber para añadir valor en el futuro y depender menos de los conocimientos adquiridos en el pasado.

Las tres prioridades mencionadas son igualmente aplicables al mundo organizacional y, por consiguiente, es el momento de trabajar a conciencia en su desarrollo desde la perspectiva de las responsabilidades del liderazgo empresarial. Solo así podremos asumir con agilidad los desafíos inéditos que enfrentan las compañías en materia de seguridad psicológica para promover la contribución de las personas y equipos de trabajo, de tal forma que las semillas de la innovación germinen naturalmente; en materia de desarrollo del talento necesario para mantener niveles elevados de productividad y en la consolidación de ambientes de trabajo donde el compromiso de las personas y la alineación de los equipos sean la piedra angular de una cultura robusta y sostenible.