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La educación necesaria

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Gustavo Moreno Montalvo Consultor independiente

La educación necesaria para los nuevos escenarios que enfrenta el país y el mundo es muy diferente de la tradicional: ya no se trata de acumular información de manera ordenada, sino de aprender a aprender. La cantidad disponible de datos organizados, sin parangón en la historia, desborda la capacidad de procesarlos en forma comprensiva. Además, las herramientas portadoras de información cambian con las tecnologías.

Así las cosas, el aprendizaje es labor para toda la vida y tarea de inmensa importancia para las políticas públicas, con implicaciones más allá del mero sentido académico: los centros de aprendizaje, colegios, escuelas o institutos se deben concebir como parte integral de la vida del vecindario, o comunidad de habitantes más o menos homogénea en espacio transitable a pie: el costo en tiempo y dinero del desplazamiento mediante vehículo inhibe el acceso de quienes no tienen la edad prevista para los procesos formales de educación básica y media.

La valoración de antecedentes culturales y la oportunidad de innovar deberán impulsarse de manera expresa y eficiente. La recreación para cultivar el cuerpo y las relaciones interpersonales también son parte importante de la educación en todas las edades. El cuidado de la salud necesario para legitimar el acceso a los servicios públicos de prevención de enfermedad y promoción de salud y los procesos apropiados para mitigar riesgos sanitarios también son parte integral de la educación.

La innovación es hoy propósito esencial para lograr la sostenibilidad económica, social y ambiental de las comunidades y también exige aprendizajes formales. El contrato de trabajo en el nuevo contexto globalizado exige actualización permanente y concertada entre patrono y trabajador para beneficio mutuo. Facilitar decisiones vocacionales y preparar a quienes lo requieren para la fase improductiva de la vida también es parte integral del proceso educativo.

Todo lo anotado ocurre en contextos cambiantes, por lo cual construir y preservar vigencia como actores válidos en la vida social compete a todos los miembros de cada comunidad, una de cuyas labores compartidas es enlazar espacios tecnológicos para los últimos años del ciclo básico con las necesidades anticipadas de competencias según la visión compartida que se construya para cada ciudad región: la institucionalidad educativa debe ajustarse a las necesidades percibidas de la ciudad región, y al tiempo ser vehículo para construir cierta igualdad de oportunidades.

En Colombia preocupan cuatro obstáculos evidentes: en primer lugar, el pésimo diseño del Estado, centralista y sin políticas consistentes; en segundo lugar, el precario espacio que la sociedad le reconoce al maestro, gestor central de la epopeya educativa en pro de la transformación para lograr el bienestar común; en tercer lugar, la estructuración de la profesión a través de Fecode, que resulta en remuneración mediocre, ausencia de evaluación sistemática de desempeño y potencial de todos los docentes, y distancia entre padres de familia, educandos y docentes; en cuarto lugar, el pobre criterio inherente a la planificación urbana y la provisión de inmuebles para educación y construcción de tejido social. Todo esto desemboca en futuro incierto para el país. La tarea educativa debe ser el centro de atención de gobernantes, quienes también tienen su papel en el proceso educativo.

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