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Constituyente cafetera

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A las 7 de la mañana del 25 de febrero del año pasado, cuando se daba inicio el paro cafetero, el presidente Juan Manuel Santos en alocución a los colombianos pidió una constituyente cafetera que atendiera el clamor de los sectores reclamantes de la reforma de las instituciones cafeteras, una mayor apertura democrática y la modernización del sector. 

Sin embargo, el gremio no prestó atención y el 30 de abril celebró solo un Congreso Extraordinario, desoyendo la petición del Gobierno Nacional y reuniéndose por primera vez sin la presencia del Presidente y sus ministros; esta sesión se convirtió en un plebiscito favor del gerente y de esta manera consolidó una mayoría frente a los departamentos que pedían su renuncia.

Así mismo quedó notificado el Gobierno; que no pareciera existir intención ni de parte del Gerente como vocero del gremio, ni de los actuales delegados al Congreso Cafetero de producir cambios en los estatutos de la Federación para dar señales de apertura democrática, de manera que nuevos líderes y corrientes de pensamiento puedan participar en el proceso electoral y ser elegidos.

La única reforma importante fue la liderada por Gabriel Silva en 2002 y aprobada en el Congreso Cafetero de 2003, después de un largo forcejeo y trabajo de convicción con los dirigentes tradicionales, que se oponían a la apertura. Finalmente triunfó, logrando la aprobación de una transformación que garantizó asiento en el Comité Nacional a todos los departamentos en igualdad de condiciones, los grandes y los pequeños: 8 nuevos miembros se sentaban por primera vez en dicha instancia, después de 70 años. 

Posteriormente todas las reformas han sido frenadas por la falta de voluntad de cambio y no han contado con el liderazgo y la fuerza que se requieren para producirlo.

Es el momento para que al exregistrador Juan Carlos Galindo, como gerente delegado para elecciones convocadas del 6 y 7 de septiembre, y al excelso grupo de juristas que conforman la comisión asesora, el exconstituyente Hernando Yepes Arcila, y los expertos en ciencia política Fernando Cepeda Ulloa y Guillermo León Escobar, conocedores como nadie de procesos electorales, se le encomiende hacer una reforma a fondo de los estatutos de la FNC para que, después de aprobados por un Congreso Cafetero Extraordinario se convoque a elecciones, con plena garantía de apertura democrática de esta legendaria institución. 

Estos connotados juristas pueden actuar como comisión constitucional para presentar un proyecto imparcial, sin pasiones, en completa armonía, con sabiduría y conocimiento de la realidad electoral cafetera: Yepes Arcila fue director jurídico de la Federación; Cepeda Ulloa miembro del tribunal disciplinario y Escobar, vinculado toda su vida al departamento del Quindío. 

Como ejemplo, debe servir la constituyente del 1991 que contó con la activa participación de los cafeteros, eligiendo a Alfonso Palacio Rudas, para elevar a rango constitucional la parafiscalidad. El gobierno  atendió el clamor nacional por nuevos espacios democráticos, y expedida la nueva constitución convocó a elecciones para refrendar con votos su propósito, eligiendo un nuevo congreso.

De esta manera el gremio acoge la petición del Señor Presidente de la República y el clamor de los sectores que consideran que se requiere apertura estatutaria para participar y ser elegidos. El resultado de esa elección, seguramente traerá caras nuevas dispuestas a discutir democráticamente los problemas cafeteros dentro del gremio y, terminará el conflicto permanente con los indignados.

De no ser posible, gobierno nacional cuenta con la facultad, por contrato de administración y estatutos de la Federación, de convocar un Congreso Cafetero Extraordinario para proponer a los delegados una constituyente, en cuya elección participen todos los cafeteros sin circunscripciones ni ataduras. También puede proponer al Congreso Cafetero la aprobación de los puntos a votar en un referéndum cafetero, en el que todos los que posean cédula cafetera decidan las reformas que la Federación requiere.

Convocar elecciones sin adelantar antes las reformas es un desafío innecesario al Gobierno y, a los cafeteros que no están de acuerdo con el actual estado de cosas. Los problemas de la democracia solo se resuelven con más democracia.

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