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Analistas 28/01/2021

Reorganización estatal

Hace mucho tiempo vengo leyendo sobre una idea que cada vez más se acerca a volverse realidad. Tradicionalmente hemos partido de la base que son los estados soberanos quienes con fuerza y robustez han impuesto las condiciones en el mercado. No quiero entrar en el juego perverso de politizar o deslegitimar la adquisición de la vacuna y los esfuerzos del Gobierno Nacional que, pese a la agenda económica mundial, ha logrado entrar a la negociación por la compra de la vacuna.

Hoy tenemos cerca de ochenta millones de personas vacunadas en todo el mundo, de las cuales hay un porcentaje muy bajo en Latinoamérica y cero en un continente casi olvidado como África. No es mirar la desgracia de otro para que la nuestra parezca más llevadera, pero, como dicen, “son datos y hay que darlos”. Es populista abanderar la crítica sin sustento por la confidencialidad en la compra de la vacuna, cuando ni países como Francia o España lograron imponer condiciones en este sentido. En Colombia en época preelectoral todo se vale para cobrar vigencia: de nuevo el arte de hacer política hace lo suyo.

¿Quiénes fijaron los criterios de adquisición de las vacunas, la disponibilidad en el mercado o la necesidad de los estados? En Colombia era imposible (salvo la contratación sometida a reserva nacional) encontrar cláusulas de confidencialidad en la contratación pública. ¿Será que somos espectadores de primera fila en lo que se ha denominado el gobierno de las empresas? Es evidente que la contratación de la pandemia y la necesidad de contrarrestar el efecto de la covid-19 y sus cepas han doblegado la legislación de las naciones y harán que estemos presentes ante la reorganización de la forma de contratar con recursos públicos.

La siguiente pregunta es: ¿por qué apenas hasta febrero tendremos los primeros vacunados? La respuesta para mí es sencilla: el orden económico mundial también ha ganado el pulso frente a la democratización del acceso a la vacuna. No es para celebrar, pero por lo menos podemos cruzar los dedos y entender que en África pondrán los muertos que harán estremecer al mundo para que verdaderamente cambiemos. No quiero satanizar a las empresas y tampoco victimizar al Estado. Hay realidades indiscutibles sobre las que, si no se analizan en contexto, es muy fácil caer en los lugares comunes que solo crean caos en un país con el agua al cuello.

Debemos aprender a vivir como estamos hasta el momento: la covid-19 no será un fenómeno pasajero y no tenemos más opción que adaptarnos. Querer volver al mismo estado anterior nos hace presas de una enfermedad que rompió el equilibrio del mundo y mostró tanto la fragilidad de nuestro sistema de salud como lo mal que estamos haciendo la matriz de riesgo del país. Lo único claro es que será un camino difícil: si creímos que 2020 fue difícil, este año sentiremos los verdaderos efectos de la pandemia. ¡A prepararse!

¿Permitiremos que la oportunidad de oro de reajustar cargas se nos escape? Si yo estuviera en la silla del presidente, movería todo para no dejar pasar esta crisis sin que se logre cambiar el paradigma de que Colombia es un país inviable y una incubadora de corrupción que no quiere salir del atraso. ¿Lo lograremos? No lo sé. De lo único de lo que estoy convencido es de que es el momento de ser muy audaces y prácticos para acabar con el discurso y pasar a la práctica. Señor presidente, estoy convencido de sus capacidades, así que mi consejo sería menos televisión y más visión.