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El Congreso de la Paz

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Tal como el título de esta columna catalogó el presidente Juan Manuel Santos al Congreso instalado el pasado 20 de julio. Con un discurso eufórico con respecto a la paz, pero flojo en otros aspectos, se lanza este Congreso que no solo tiene la responsabilidad de levantar la pésima imagen que los colombianos tienen de dicha institución, sino de ser un revolucionario legislativo haciendo un cambio radical en las políticas públicas. Sin duda, es un Congreso que ilusiona a quienes añoramos las épocas de los grandes debates de las ideas y que se conformó con grandes personalidades que retornan a la arena política, por lo que se espera mucho de este periodo. Ser el Congreso de la Paz le implica mayor compromiso por el hecho del posconflicto. 

Lo primero de lo que debe ocuparse el Congreso no es el marco jurídico para la paz (en otras palabras, la legislación de si se va o no a pagar cárcel, o si va o no a haber participación en política, etc.). Lo que debe hacer es anticiparse a solucionar la problemática que dio origen al conflicto, primero fue lunes que martes. Los pilares del congreso deben ser los siguientes: 

1. Educación: el cubrimiento de la educación sigue siendo un asunto en deuda no solo de este gobierno, sino de todos y cada uno de sus antecesores. Es importante que los niños y jóvenes de este país cuenten con la garantía de gratuidad en la educación, con programas que incentiven sus capacidades naturales, y mediante los cuales se pueda identificar desde ya cuáles son los grandes talentos en las diferentes áreas y así poder enrolarlos para estimular y valorar nuestro mayor activo: el humano. 

2. El campo: creo que este ha sido el mayor de los desaciertos de este gobierno. La política agraria manejada a punta de chequera no genera más que hoyos fiscales, sin que se dé solución real al problema de la producción en el campo. Este no es un país que esté dispuesto socialmente para la agroindustria: somos un país orgullosamente campesino. Debe dársele el espacio y la protección al pequeño productor.

3. Investigación: Este es un punto donde convergen todos (educación, campo, inversión extranjera, salud y deporte). Como lo dije en una columna anterior titulada ‘Patentar la crisis’, muchas zonas del país podrían ser hoy verdaderos centros de emprendimiento, pero es muy difícil entenderlo cuando se firman tratados de libre comercio con naciones con las que hay diferencias estructurales y nos inundan con sus productos, y cuando nuestros indicadores en ciencia, tecnología, innovación y patentes internacionales son muy precarios. Entre el 1 de enero de 1977 y el 31 de diciembre de 2011 la Secretaría de Comercio de los Estados Unidos le otorgó 98.079 patentes a Corea del Sur, mientras que en el mismo periodo a Colombia solamente le fueron concedidas 298 patentes, solo por poner un ejemplo de un TLC reciente. La investigación genera conocimiento, empleo, ocupación, patentes, y es la barrera que necesitamos para derrotar nuestra limitación mental de que todo lo hecho fuera de Colombia es mejor. Compitamos no con cantidad de patentes, sino con su calidad. La investigación y sus aplicaciones deben ser una política nacional. ¿En qué quedó la propuesta del Megalaboratorio de Patentes? 

4. Inversión extranjera: una de las locomotoras que tenemos que empezar a desmontar es la de la inversión foránea basada en la extracción de recursos naturales no renovables: para nadie es un secreto que son los que menos aportan al país. El porcentaje que dejan en regalías es ridículo a comparación de las utilidades obtenidas, la generación de empleo es reducida y se acaba con la sostenibilidad ambiental del país. La inversión debe ir de la mano con transferencia de tecnología y buenas prácticas. 

5. Deporte: como dice mi madre, una sola golondrina no hace verano. Lo de Nairo, Urán y Arredondo en ciclismo; lo de Ibargüen en salto largo; y lo mostrado por la Selección de fútbol en este Mundial son más esfuerzos, en muchos casos familiares o de amigos, que medallas que se pueda colgar el Gobierno por su apoyo. A invertir, pues hay material de sobra para ser líderes en varias disciplinas deportivas, lo que genera alternativas de vida. 

6. Salud: Todo está dicho en este tema. No se necesitan cambios, se requiere un nuevo diseño de la política de salud, donde deje de ser un negocio de muchos para ser un derecho de todos sin restricciones.

Por último, lo que más deben dar es ejemplo. Hay grandes personalidades, con grandes egos y posiciones radicales. Eso implica que en algunos casos podrán verse en discusiones sin fin por sus posturas. Este debe ser el Congreso de las ideas, del respeto por el otro, del trabajo en equipo para sacar adelante un país que está sacando la cabeza del agua y, nada o se hunde. Se cumple con la paz cuando estos seis puntos sean atendidos con seriedad y se ataque la problemática de raíz. La época de los paños de agua tibia se acabó. Debe decírsele no al juego sucio. Reitero lo dicho: con quien más leales debemos ser es con nuestro contradictor.

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