La industria farmacéutica está corrompida. En Colombia se cartelizaron, según develó la intervención del exministro de Salud -actual Rector de la U. de los Andes-, Alejandro Gaviria; asimismo, a escala mundial, los grupos de presión manipulan diversos estudios de impacto a la salud pública, porque la enfermedad es un negocio altamente lucrativo.

Dejando a un lado tantas teorías de conspiración, conviene aterrizar los titulares de prensa respecto al final de la pandemia, pues no confío en la «burla» del CEO de Pfizer, Bourla, quien vendió 62% de sus acciones el día en el cual emitió un comunicado anunciando la presunta efectividad de 90% de su vacuna contra el covid.

Los mercados bursátiles operan mediante placebos sicológicos y en este caso decidieron aplicarle una sobredosis que acercó la valoración de su título hacia su cotización máxima. Es necesario recordar que esto ya había sucedido con Moderna, otra de las empresas que compite por la emisión de la vacuna, y capitaliza a los medios de comunicación como ansiolíticos, en plena depresión económica.

El hecho es que esas noticias divulgan “estudios ciegos”, pues carecen de revisión científica por parte de investigadores independientes. Colmo de males, aunque esos ardides no son novedosos para quienes analizamos el comportamiento organizacional y las acciones empresariales, en la pandemia ha quedado expuesta la falta de fundamento o corrupción de los pronunciamientos y los papers, por parte de autoridades institucionales, como la OMS, y reconocidas revistas especializadas, como The Lancet.

Al margen de esto, es importante destacar que del éxito de la innovadora técnica que utilizan varias de las iniciativas que prometen una vacuna, ARNm, depende la eficiencia futura en el ciclo de desarrollo de soluciones inmunológicas. En cualquier caso, la cura puede ser más mala que la enfermedad, y su refuerzo estaría determinado por la validez de los ensayos clínicos, porque debido a la emergencia ha sido habilitada una mutación de fast track para facilitar la aprobación de las pruebas y licencias de comercialización.

Nota curiosa, BioNTech denominó su proyecto “Velocidad de la Luz”. Entretanto, desde la sombra, los colombianos conocemos el sesgo del dinero rápido por la impronta del narcotráfico y las «vacunas»: aquellos pagos extorsivos que imponen los grupos al margen de la Ley, además de la posología administrada por tantos sectores económicos que tienen secuestradas las oportunidades de mejorar nuestra sociedad, como el financiero y el farmacéutico, entre otros.

Para rematar, Rusia anunció que la Sputnik V, su versión de la vacuna, tiene mayor efectividad (92%). Es extraño que esta moderna guerra fría haya afectado más a la economía y nuestra calidad de vida, mientras solo 0,7% de la población mundial se ha contagiado, y 0,0% ha fallecido. Mucho ruido, mientras acallan a 42,6% de desempleados (World Employment and Social Outlook - Trends 2020, Pg. 27), y 43,6% de personas que vivían con menos de US$5,50 diarios en 2017.

Abusando de austeridad, aunque las perspectivas tienden a empeorar, los gobiernos siguen creyendo que sus células inmunes son las T: para el caso, los Bonos TES.