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¿Y ahora qué?…Vaya disyuntiva

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El grado de maquiavelismo y descomposición que vivimos en el escenario político, visible en las abominables prácticas de las que han hecho gala las alternativas que tenemos para elegir en la contienda final por la primera magistratura, ha hecho que muchos votantes patinemos en el fandango que las circunstancias nos presenta, con el ánimo estupefacto e indeciso.

Para nada es fácil tomar una decisión cuando las señales son tan ambiguas y contradictorias, con cosas buenas que destacar, pero igual con precedentes nefastos que merecen verdaderos cambios de actitud para realmente beneficiar el bien común; un quiebre en la dirección pro estatus quo, para pensar y actuar por el interés nacional.

Lástima que el voto en blanco no tendrá efectos jurídicos, con lo cual optar por él será como abstenerse, de ahí que quienes tenemos consciencia del significado del voto, tendremos que escoger entre las opciones en puja, por lo cual a continuación realizo una suerte de balance entre los que pueden ser los costos y beneficios que representa cada alternativa.

Reconozco que aunque el tema me apasiona y hace parte sustancial de mi vida, la verdad son más los desengaños y frustraciones que las realizaciones y los logros, no en vano me dedico a investigar y proponer alternativas de política pública para fortalecer equitativamente nuestro deprimido e incipiente mercado de capitales, las cuales considero válidas y viables.

Así fui adalid de la privatización como medio para alcanzar ese objetivo cuando la promoví durante el gobierno Gaviria, el más neoliberal de los ex presidentes que ahora funge con brío socialdemócrata como jefe de campaña del presidente candidato, al igual que durante las presidencias de Samper y Pastrana, que mantuvieron esa línea. Así ésta herramienta que bien pudo servir para cubrir las necesidades pensionales de tanto desprotegido, se utilizó mal para enjugar déficits fiscales, vale decir, recursos de inversión que nunca se volverán a ver, tristemente se volvieron gasto.

También en el gobierno Samper a la Misión de Estudios sobre el Mercado de Capitales liderada por el actual ministro Cárdenas, le señalé la importancia de considerar los aportes sectoriales, así como la relevancia de los incentivos y estímulos para revertir las tendencias de concentración y atraso, aún indebidamente considerados entre las soluciones requeridas. De otro lado en el mandato de Andrés Pastrana promoví la profundización positiva de la apertura para insertarnos en la globalización incorporando sectores de valor agregado proclives a exportar, lo cual sigue siendo una necesidad.

En la administración Uribe I y II traté de introducir nuevos arreglos que facilitarán el acceso de la micro, pequeña y mediana empresa a la financiación con costo razonable, empeño que sigue siendo una ilusión dados los indicadores de gestión que continúan mostrando lo oneroso y difícil que es conseguirlo. También empecé mi empeño en elevar los estándares de innovación científica y tecnológica, tema en el cual centré mi atención durante la actual administración, sin más respuesta que ignorar las propuestas presentadas, pese a que marcha una locomotora relacionada con el tema que difícilmente avanza.

Es así como al ofrecer los resultados de mi trabajo busqué apoyar y respaldar la candidatura de Marta Lucia Ramírez, en quien encontré gran afinidad y posibilidad de complementar sus propuestas y programa, pero ante los resultados de la primera vuelta esto ha quedado truncado y entrado en un limbo del cual no se que esperar. Pero estamos en la recta final y hay que decidir.

De Santos reconozco su ortodoxia en el manejo económico que ha exhibido buen desempeño, pero igual desaciertos en materia de gobernabilidad que acostumbró al país a paros, revueltas y movilizaciones para resolver los problemas, con el agravante de haber exacerbado la politiquería y el reparto de favores entre los cómplices del clientelismo y la corrupción.

Respecto de Zuluaga valoro su desempeño como ministro de Hacienda durante el gobierno que devolvió la esperanza, pero igual repudio las consignas polarizantes y los medios no convencionales que lo involucran, sin embargo destaco su empeño por la educación universal de calidad gratis, así como su cambio de estilo y programático al reconocerle a Ramírez la conveniencia de continuar el esfuerzo por la paz exigido por la nación. Así las cosas la balanza me inclina hacia éste último. Ojalá escuche a quienes no estamos en sus rediles.

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