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Tipos de inversión

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En línea con mi anterior artículo “Del gasto a la inversión” donde dejé por sentado que considero la educación como la principal inversión a realizar por parte de cualquier persona, familia o sociedad; hoy parto de tal aseveración y la amplio, siempre y cuando se garantice la calidad de la misma, base para que no se desvirtúe en gasto, sino que mantenga su esencia generadora de valor y riqueza.

La cartera o portafolio de inversiones de las personas varia conforme evolucionan las condiciones en donde se desenvuelven, siendo fundacional lo relacionado con la educación que marca la pauta que permite realizar otro tipo de inversiones para mejorar la calidad de vida y es así como se da el acceso a la propiedad de un bien inmueble, que representa el culmen al que aspiran la mayoría de las familias.

Lo anterior de la mano con la inversión previsional, en especial la relacionada con las pensiones y cesantías que después de la Ley 100 de 1993 tuvo un avance para las garantías de los intereses de quienes trabajan asalariados o son independientes con capacidad de aportar para este propósito y aunque esta industria tenga tinglado oligopólico, ha significado un importante aporte y mejora institucional.

Tal vez la principal caracterización que realizan sobre la inversión tiene que ver con el término en el cual se redimen o hacen efectivos los rendimientos y el capital relacionados con ella, en conjunción al riesgo asociado a la misma. Así las cosas son de corto, mediano y largo plazo, así como con riesgo conservador, moderado o agresivo según el perfil, expectativas y necesidades de cada inversionista.

Fiduciarias, comisionistas y administradoras de fondos de pensiones y cesantías utilizan esta tipificación para ofertar productos, quienes gracias a los recursos que manejan hoy en día, de verdadera cuantía mayor, están ávidas de oportunidades que permitan responder a las exigencias de diversificación y al apetito de sus clientes, pues sólo las últimas gestionan más de ciento cincuenta billones de pesos.

Es así como ha llegado en buena hora esta capacidad de inversión a largo plazo que pueda calzar en tiempos con proyectos que tengan esas características, como los focalizados en la infraestructura y aunque en teoría esto debería darse con mayor acento, la verdad es que han sido muy precavidas dados los riesgos propios de estos proyectos, por lo que están básicamente en el sector de electro-energía.

De ahí que las necesidades en infraestructura en especial carreteras, demanda una serie de medidas que garanticen la congregación de recursos hacía ese frente y complementen asertivamente las acciones adelantadas por el gobierno nacional, tales como la modificación de la Financiera Energética Nacional en la Financiera de Desarrollo Nacional, que veremos si de verdad logra dinamizarla como se requiere.

Al respecto es crucial dejar de pensar que el denominado “plan de concesiones 4G” promovido por el Gobierno Nacional, mediante el cual se comprometió a invertir $47 billones  hasta el 2020, solucionará el problema del desarrollo productivo equitativo y sostenible, porque aunque este sea un requisito valedero, en si mismo no conlleva a las capacidades y competencias exigidas para esta coyuntura.

Por lo tanto es imperativo pensar en cómo seducir y movilizar inversión que traiga intrínseca el conocimiento requerido para transformar las estructuras productivas y las coloque a la vanguardia apoderada de las fronteras del saber y esto no significa sólo seducir inversión extranjera de portafolio en acciones, o aquella que realice fusiones y adquisiciones, o fondos de capital privado que hagan reconversiones.

Si bien es cierto estos tipos de inversión extranjera directa son benéficos y contribuyen a oxigenar y reformar el languidecido aparato productivo, en sí mismo pueden agotarse fácilmente al no encontrar un universo de oportunidades que permita satisfacer las tesis de inversión que tienen, precisamente porque la oferta de alternativas disponibles se circunscribe a un reducido marco de actividades.

Por eso recomiendo tanto diseñar programas y políticas públicas excepcionales focalizadas exclusivamente en aterrizar y asociar a esta inversión extranjera con la inversión nacional, en aquellas fronteras del conocimiento y la producción que permitan la renovación de nuestras capacidades y competencias, visible en el capital humano y emprendedor de clase mundial requerido en múltiples frentes.

¿Cuándo daremos éste vital debate?

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