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Reforma estructural de avanzada

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Hablar de avanzada es referirse a lo que se anticipa y aparece en primer lugar, con existencia real pero además que se distingue por su audacia, en éste caso, del pensamiento y acción política. También tiene que ver con destacamentos de inteligencia que siguen los movimientos del enemigo, que puede ser la competencia, para precaver sorpresas y tomar posiciones líderes.

Sobre lo estructural aunque tiene varias concepciones y aplicaciones aún en política, me refiero a la coyuntura del entramado productivo conforme las necesidades económicas y sociales del país, de las condiciones de intercambio que lo caracterizan y las implicaciones de ahí derivadas, en nuestro caso con asimetrías, dependencias y atrasos, que rayan en lo tolerante.

Así las cosas y dada la guerra por los mercados que como agentes libran dirigentes de naciones y negocios para responder efectiva y legítimamente a las exigencias de los principales, en su orden ciudadanos e inversionistas; hacer una reforma estructural de avanzada es el requisito sine qua non y factor crítico de éxito, que posibilita la entrega de resultados satisfactorios para todos.

En esa dirección está usa el escáner de la política pública para la innovación que promuevo e identifica las características de los mercados y negocios, además del aporte al agregado productivo nacional, los eslabones en la cadena de valor, el requerimiento y perfil del capital humano, el impacto ambiental, la integración de la empresa local con la internacional, entre otras variables determinantes; para con base en éste, instrumentar respuestas de política más racionales y efectivas según al universo posible de soluciones, con o sin costo para él Estado.

De la misma manera está involucrar a firmas consultoras, de banca de inversión y revisoría fiscal, de una manera más activa de forma tal que se conviertan en las catalizadoras de las reacciones deseadas para el sano desarrollo, las cuales a su vez se apoyan en dinamizadores palpables en la visión y compromiso del alto gobierno, acuerdos público-privados pertinentes, y políticas públicas virtuosas.

Por lo tanto, para que el cambio estructural de fondo se dé, además de mejorar las capacidades endógenas en curso, lo que aún falta es el Plan Nacional para el Cierre de Brechas, que acopie lo antes descrito y movilice las masas críticas que mantengan nuestra nación a la vanguardia en todas las fronteras del conocimiento y la producción, además de permitirle alcanzar umbrales dignos de desarrollo.

No se trata de cambiar las reglas de juego a los agentes económicos que ahora adelantan actividades productivas, sino en la medida de lo posible mejorar sus condiciones, pero ante todo, de quienes deberían tener presencia en la estructura productiva y por adolecer de estímulos adecuados, no participan directamente.

Requerimos entonces implementar una política pública industrial fuerte, robusta, proactiva y dinamizadora, lo cual no significa que ésta sea costosa, sino por el contrario, que desate cascadas de beneficios y externalidades positivas, derivadas de la correcta utilización de los recursos públicos disponibles.

Sólo solucionar las fallas de apropiabilidad ó de coordinación público-privada de los grupos de presión con capacidad de captura, no resuelve ni de cerca los problemas estructurales, como tampoco dedicarse indiscriminadamente a bajar los costos de energía, logísticos, laborales ó tributarios; ó, favorecer a dedo sectores para hacer inteligencia de mercados y apoyar procesos de reconversión.

Por supuesto que es necesario desarrollar esquemas que fomenten la asociatividad entre empresas de todo tamaño, así como más eslabonamientos productivos, en especial en sectores proclives al conocimiento, aún en ciernes, además de fortalecer las competencias laborales y la cultura de la innovación; pero si esto se circunscribe a la captura endógena como muestra ser, seguirá siendo más de lo mismo, un incrementalismo insulso de corte neoliberal y no el deseado cambio estructural de fondo; lo cual acarreará mayores atrasos y costos para la sociedad.

Espero que quienes por filosofía se definen como una “organización política de centro, democrática, popular, incluyente y de avanzada”, retomen con vigor su tradición de intervenir ordenada y racionalmente los mercados conforme el interés general, por lo cual llamo a congresistas y altos funcionarios del ejecutivo que representan éste ideario, para que revisen su doctrina y respalden esta iniciativa.

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