Analistas

¿Qué es Innovación de Calidad?

En primer lugar, destacar que la innovación es la base del emprendimiento exitoso. Dilucidar esto resulta decisivo para canalizar y no duplicar esfuerzos, pero además es clave comprender que la innovación emprendedora es acogida por el mercado, y también determinante reconocer que ésta se da donde hay ciencia y tecnología en cualquier arena del saber, en todas las fronteras del conocimiento.

Es que resulta desconcertante y preocupante, por decir lo menos, cómo de entrada la dirección del recién creado programa nacional para el desarrollo e innovación empresarial -Innpulsa-, estima con error que la innovación no es igual a tecnología, o peor aún, que es posible innovar sin ésta, cuando precisamente la innovación se hace a partir del acervo disponible de conocimiento en la ciencia y la tecnología.

Dentro de las actividades adelantadas por Innpulsa, la labor que pudiese parecer más creativa es realizada con el apoyo que dan al “emprendimiento dinámico innovador”, conforme unas características meramente de desempeño financiero o micro cuantitativas delineadas por el Fondo Multilateral de Inversiones del BID, criterios pobres conceptualmente, al carecer de reseña cualitativa vital.

Aclarar lo anterior sirve no solo para recomponer las cargas, sino ante todo para reconocer la forma como desde el gobierno nacional se enfrenta ésta problemática. Qué tipo de innovación busca y quiere para nuestro país, que por lo visto se circunscribe a lo básico y elemental para la supervivencia de las empresas nacionales, sin soluciones visibles para realmente tratar la innovación de calidad.

¿A que me refiero entonces por innovación de calidad? Para ese propósito justamente diseñé el escáner para la política pública de innovación que presenté a finales del año pasado en esta tribuna y que a continuación describo una vez más, como la principal herramienta para responder adecuadamente en la evaluación e instrumentación de programas y líneas de acción consistentes con el logro de ésta.

Cómo recordaran quienes me leen, hago referencia a una serie de variables cualitativas que deben servir de prisma a la hora de sopesar la incidencia de todos los posibles incentivos y estímulos disponibles para movilizar el capital humano y emprendedor detrás de la innovación de calidad, sin los cuales no podremos entrar en la era del conocimiento donde no tenemos capacidades endógenas.

Estas variables tienen en primer término que ver con las características del mercado para cada posible innovación a saber: tamaño nacional e internacional según cantidad de compradores afectados; estructura (de eficiente a monopólica) y competencia; complejidad tecnológica, grado de madurez  y ciclo de vida; cadenas productivas y clusters asociados; y, economías de escala.

Es además crítico considerar que presencia y participación tiene en el agregado productivo nacional; el eslabón en la cadena de valor, vale decir si es maquila, producción, investigación y desarrollo, y/o gerencia. También el requerimiento y potencial de generación de mano de obra calificada; la posibilidad de desarrollo de ventajas competitivas; la sustentabilidad e impacto ambiental en términos de favorabilidad; la integración del capital emprendedor nacional e internacional; la asociatividad y conformación de redes nacionales e internacionales; y, la relación y alineación entre la apuesta pública local, regional y nacional. De no sopesar debidamente las variables antes descritas seguiremos dando patadas de ahogado.

Ciertamente mi trabajo es sensibilizar y concientizar para así comprometer a los tomadores de decisión sobre el tema, con respuestas y espacio en la agenda que allanen los vacios que tenemos, donde todo parte de reconocer y dimensionar las implicaciones de no hacer algo al respecto; sin tristemente haber podido avanzar y atribulado al ver como algunas de mis propuestas son indebidamente copiadas.

Nota final: Se lanzó la semana pasada la Agenda Nacional de Competitividad que responde en buena forma al fortalecimiento de las capacidades endógenas, dando así continuidad a la también llamada agenda interna, pero de ninguna manera con herramientas efectivas para el cierre sistemático de las brechas del conocimiento y la innovación, adolecidas en gran parte de las fronteras del saber y la producción, justo allí donde nuestra soberanía es más vulnerable y está más amenazada.