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¿Priorizar o seleccionar sectores? (III)

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La prioridad natural reitero está en incorporar capacidades y conocimiento en las fronteras productivas en las cuales adolecemos de competencias y tenemos el potencial para desarrollar nuevas cadenas productivas y clústeres, que respondan a las vocaciones regionales, sean proclives al saber y agreguen valor a los insumos naturales y humanos que poseemos. Ésta debería ser la elección productiva clave.

Al respecto insisto en lo valioso y útil para acortar los tiempos y costos de la curva de aprendizaje implícita en lo antes descrito, del significado de aprovechar los spillover o derramamientos de conocimiento provenientes de atraer las empresas multinacionales y los creativos de clase mundial, para vincularlos al aparato productivo nacional y así actualizar su andamiaje y generar nuevas ventajas.

Para esto es preciso determinar muy bien las implicaciones ambientales, sociales y económicas relacionadas con los eslabones en la cadena de valor que se quiere implementar, que permitan diseñar y evaluar debidamente opciones disponibles en materia de política pública, sobre lo cual hay enormes vacíos que podrían ser allanados con el arreglo proveniente del escáner que desarrollé para el efecto.

Sólo hasta cuando se revisen y analicen debidamente todas y cada una de las variables propias de las diferentes apuestas productivas, en contextos tan diversos como los relacionados con las condiciones de las regiones que integran nuestro país, podremos entonces responder con soluciones apropiadas. De ahí la pertinencia del “Escáner de la Política Productiva Innovadora” Eppi.

Al establecer un esquema de incentivos estimo que lo más contraproducente sería adoptar medidas provenientes de mecanismos tipo “zanahoria y garrote”, que le quiten el apoyo a los sectores que no alcancen determinados objetivos en términos de indicadores como crecimiento en ventas, exportaciones, productividad u otros; lo cual contribuiría a concentrar indebidamente la atención.

Medidas reduccionistas como esa desviarían el foco de lo verdaderamente crítico que es incorporar nuevas competencias y capacidades, para seguir premiando la captura de grupos de corte rentístico y reducida capacidad de aporte a la creación de ingreso y riqueza; lo cual incrementaría ineficacias, sobrecostos y nos alejaría cada vez más del anhelado desarrollo equitativo, sostenible y sustentable.

La debida evaluación de las políticas, estrategias y programas, al igual que su diseño, parte del correcto uso de las premisas y fundamentos utilizados para el efecto, siendo por eso conveniente el Eppi que promuevo, para con base en los resultados arrojados al utilizarlo en cada empresa y los mercados donde ésta opera; responder conforme las posibilidades disponibles.

Así se daría acceso al universo de soluciones posibles a ser incluidas en la caja de herramientas de manera más adecuada, al impedir que se siga dando más a quien más captura, como sucede ahora, para concentrase en quien necesita más y tiene las implicaciones más favorables; lo cual podría ser canalizado a través de los “Parques Productivos Innovadores” PPI descritos en el artículo anterior.

Cabe mencionar que los PPI requieren en principio sobre todo de adecuadas reglas de juego (política pública), más que espacios físicos. Al respecto y dado el cambio en la Alta Consejería para la Gestión Público Privada, ahora para la Competitividad y Asuntos Estratégicos, responsable de mejorar coordinación y capacidades endógenas; repito que lo neurálgico está en solucionar las fallas de apropiabilidad, tema a reconsiderar en su agenda, así como beneficiarse de la utilidad del Eppi.

Sobre el particular una cosa es lo que dice la literatura (léase cartilla y recetas de gurús extranjeros que desconocen nuestra realidad) y otra la deducida por la lógica. Es que está muy mal considerar que las fallas de coordinación por su origen e implicaciones son las más importantes pero además las únicas a remediar, desconociendo la trascendencia de las fallas de apropiabilidad; anteponiendo así la forma sobre el fondo, sin dimensionar lo que esto conlleva.

Al final la mayor responsabilidad recae sobre la política delineada y ejecutada por el Gobierno Nacional, la cual sugiero incluya elementos que lleven a las regiones no solo a pensar cómo satisfacer la captura de los grupos de interés departamentales y locales, sino ante todo, como incorporar nuevas competencias y capacidades afines al conocimiento y su potencial comparativo.

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