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Paz perpetua en Colombia

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El tema de la paz será de nunca acabar mientras no haya claridad de conciencia, que ésta ante todo proviene del interior de cada uno y como tal, se proyecta y refleja en las actitudes y hechos con los que afrontamos el diario vivir, siendo fundamental entender muy bien el legado de los grandes filósofos, que aportaron ideas sustanciales imposible de ser incomprendidas o desaprovechadas.

Es que a propósito del título de este artículo me referiré al legado de Kant, a mi modo de ver el arquitecto creador del actual orden mundial mediante la ONU, quien como exponente del idealismo trascendental a sus 71 años en el ocaso del siglo XVIII y la ilustración escribió esa obra, con aportes imprescindibles a ser tenidos en cuenta hoy, en especial en los países que anhelamos la Paz.

Y aunque probablemente Kant se inspiró en la propuesta del Abad de Saint Pierre, quien tiene un trabajo con el mismo nombre y comentó Rousseau en “Emilio”, o ya sea que resulte de la ironía de un dibujo de la época de un cementerio con la frase “paz perpetua”, desconcierta ver como prestigiosos columnistas y gobernantes, desconocen y maltratan su excelso pensamiento.

Me refiero a la interpretación dada en este espacio a las ideas de Kant por un distinguido colega, quien al fundamentarse en lo preceptuado por un señor Zaffaroni, lo calificó de “talional”, de basarse en Ley del Talión y usar la venganza por el daño y dolor causado para la administración de justicia, lo cual estimo diametralmente opuesto al alcance de su vivir y sentir en la materia.

Quienes estudian y analizan a Kant con la disciplina y el rigor que merece, destacan su carácter constructivista para la búsqueda de la solución que mejor responda a las demandas sociales en los distintos frentes de la gestión pública, en particular referidos a la Justicia en tanto fijó unos pilares claves para entender muy bien que es justo o no con base en consensos sociales equilibrados.

Al respecto, resulta de mucha utilidad su comprensión de la ética como el deber ser que está en la conciencia de todos de forma a priori y universal, que por supuesto se funda en la buena voluntad y la buena fe, que llevan a la moral y virtud, elementos todos estos pisoteados y soslayados en el discurrir del llamado acuerdo final de paz, que se dio apresuradamente y sin cumplirle a medio país.

Es que mientras el Ejecutivo no caiga en cuenta que seguir tratando cualquiera de las dos mitades del país ahora divididas como un medio y no como un fin, le impide obrar de forma que sus acciones sean consideradas como leyes universales de obligatorio cumplimiento, pero peor aún, mantendrá polarizada y fragmentada la nación y por lo tanto, nunca podrá garantizar una paz estable y duradera.

Para Teresa Santiago, profesora de la UAM, Kant “tenía la convicción que una paz perpetua es posible, si el hombre se guía por su razón práctica para abandonar el mecanismo de la guerra y plantearse la paz, como un fin y un deber. El hombre que al mismo tiempo se inclina a vivir en comunidad pero también quiere preservar su individualidad, lo que puede ser usado a favor del progreso moral como incentivo para abandonar el estado anímico de la guerra y construir, tanto las condiciones políticas, como las herramientas jurídicas que lleven a la contención y eventualmente la erradicación de la guerra, con las bases jurídicas mínimas que garanticen la confianza mutua”.

La pregunta es: ¿habrán entendido bien las lecciones de Kant las Farc y el Gobierno Nacional?

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