Analistas

Oportunidad del Irregular Plebiscito

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La gran mayoría de los colombianos sentimos que estamos ante una disyuntiva crucial frente al futuro político nacional, pero aún no asimilamos bien la manera como enfrentaremos esta trascendental circunstancia, que bajo una óptica estratégica conlleva amenazas y oportunidades, según el enfoque a usar.

Sobre esto debo poner de presente y dejar por sentado, lo dicho en mi anterior artículo “No a la Impunidad, Sí a la Paz”; acerca de la claridad que debe existir para todos en Colombia y el mundo, de la unidad de la gran mayoría en torno a la necesidad de lograr una paz sostenible y plena, libre de cualquier fisura y riesgo.

Nadie quiere más guerra, sino garantías reales para el ejercicio de la ciudadanía que bajo la égida del Estado de Derecho debe velar por la verdad y la justicia, hoy mancilladas porque se atenta contra sus bases, manipula conciencias con recursos públicos, avala la amenaza y chantaje gobiernista; muestra de peligrosa debilidad.

Lo que despierta interés de opinar sobre este tema es precisamente la falta de garantías enfrentada por quienes no compartimos la forma denigrante con la que esperan hacer claudicar al Estado, gracias al afán protagónico de las jugadas del ajedrecista al mando, que hacen gala del talante de su gobierno.

El mismo Santos se auto calificó como culi pronto por las embarradas que cometió en varios operativos militares y de antinarcóticos cuando era ministro de Defensa, que ha sido la constante sobre todo dado lo acordado en la Habana, por las negociaciones aceleradas, sin pensar a fondo sus consecuencias. 

Algo relacionado que salta a la vista tiene que ver con la desafortunada decisión de suspender la fumigación con glifosato en mayo del año pasado, que el procurador Ordóñez calificó igual, por demás por las espeluznantes cifras del crecimiento en los cultivos de coca, la mayor amenaza a la paz, dado su control guerrillero.

Pero bueno, el tema ahora es el plebiscito que independiente de su origen irregular y de la incertidumbre sobre el contenido de su pregunta, en tanto a si es fiel al objetivo de refrendar o no lo acordado en la Habana, y nunca, si respaldamos los diálogos por la paz, lo cual terminará por develar la intensión real que lo motivó.

Si la consulta plebiscitaria llega a responder bien al tema en cuestión, estaremos sin lugar a dudas ante una situación donde con cara perdemos, pero con sello también, siendo entonces necesario establecer cuál camino es el menos dañino al interés nacional, en particular para quienes no compartimos el manejo actual.

Ahora bien, al presidente Santos debe reconocérsele su excelente cálculo en el juego político y si cumple adecuadamente con la sentencia de la Corte, podría incluir en la pregunta del plebiscito para la refrendación de los acuerdos, la posible instauración democrática de una Asamblea Constituyente legítima, que revise los acuerdos y además resuelva temas pendientes en materia de reforma a la justicia y las autonomías regionales, entre otros, sobre los que un Congreso ordinario nunca podrá legislar correctamente, por encontrarse cooptado por el ejecutivo.

Así las cosas, hay tres rutas posibles ante la imposibilidad del voto en blanco, una, abstenerse, y la segunda, con dos opciones, reconocer lo contraproducente de propiciar la abstención por el colapso de la democracia y llevar al país al escenario que puede ser el menos perjudicial de los posibles con el voto del Sí o del No, según el contenido de la consulta plebiscitaria.

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