Analistas

Oda a la esperanza

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Pese a las vicisitudes y a las circunstancias agrestes, antes de proyectar y promover la apatía y el pesimismo, recurro al espíritu crítico objetivo que procuro construir, sobre todo y ante todo, en una búsqueda que lleve a encontrar puntos de amarre y afiance aquellos que le brinden mayor sustento al ideal de mantener vivas la fe y la esperanza, en un contexto general que pareciera adolecer de ellas.

Uno de los planos de la existencia que más decepciones y fracasos acarrean a casi todo el mundo, en todo el mundo, es precisamente la política; no en vano de ella se desprende tanto sentimiento encontrado como la ingratitud, la soberbia, la envidia y la mentira, convertidos en ingredientes y peor en instrumentos claves usados para confundir y salir victoriosos, aunque apremien las derrotas sociales.

Los ejemplos saltan a la vista y no hay que mirar siquiera lo que sucede donde nuestros vecinos, sino que definitivamente lo vivimos en nuestra amada patria constante y permanentemente en las manifestaciones de quienes representan el interés político nacional, caracterizado por divisiones y odios, casi todos sin fundamentos éticos sólidos, porque en el fondo todos pecan por igual.

Hemos visto en los últimos 30 años y a pesar del surgimiento de nuevas fuerzas políticas una continuación del Frente Nacional, donde quienes han tenido la responsabilidad de dirigir el Estado, surgieron principalmente del conservatismo y el liberalismo, pero además se han fundido en una amalgama que no distingue ideales, sino donde prima el clientelismo, con nefastas consecuencias.

Muchos de los altos funcionarios, algunos muy bien calificados como el ministro Mauricio Cárdenas ó el exministro José Antonio Ocampo, por mencionar los que me merecen el mayor respeto y representan esas colectividades, perfectamente han servido los intereses de cualquiera de los presidentes, pese a sus diferencias, sin que esta condición interviniera en sus buenos oficios.

Sin embargo, los anteriores ejemplos son la minoría y el país ha sobrevivido a los avatares gracias a una tecnocracia muy bien calificada, que le sirve al país pese a las indigestiones que puede producirle involucrarse con el manzanillismo, el nepotismo y la politiquería enquistados en nuestra cultura; lucha contra la cual es verdaderamente necesario unirnos para así poder erradicar la corrupción.

Por eso hago un llamado respetuoso al Señor Presidente Santos, así como a los expresidentes Uribe, Pastrana, Samper y Gaviria; dejemos de alimentar la bestia irracional del orgullo personal, para realmente reconciliar la Nación y aceptar que a pesar de los errores cometidos hay un futuro promisorio que es preciso despejar ante las incertidumbres que tenemos y nos confrontan.

Presidente Santos queremos creer en sus palabras “creamos en Colombia, creamos en nosotros”, demuéstrelo así con más conciliación y menos confrontación.

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