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Nuevo enfoque de la industrialización

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El pasado 4 de agosto la revista The Economist publicó un artículo sobre las llamadas “cadenas de oro”, cuyo titular resulta de por sí muy diciente al resaltar que “las cadenas de suministro modernas están haciendo más fácil para las economías la industrialización”, lo cual permite evocar nuevas alternativas de desarrollo para nuestro país, por nuestra estratégica posición.

Describen que desde mediados de la década de 1980 los mercados emergentes comenzaron a cerrar las brechas porque su crecimiento fue más dinámico que el de las economías avanzadas. Mencionan que ayudaron las reformas liberales y la buena gestión macroeconómica. Al respecto destacan el trabajo de Richard Baldwin del Instituto de Altos Estudios en Ginebra, para quien no es tanto el mundo en desarrollo el que ha cambiado, sino el desarrollo en sí mismo.

Conforme a Baldwin al inicio de la era industrial los altos costos del transporte restringían el comercio limitando a la mayoría de los fabricantes a vender en su misma ciudad o país, pero a medida que avanzó la revolución industrial los barcos de vapor y los ferrocarriles redujeron los costos y expusieron a las empresas a la competencia extranjera, que junto a economías de escala aumento productividad.

Alcanzar a los líderes significaba construir cadenas de suministro desde la base y en los dientes de la competencia. El desarrollo era lento, laborioso y poco común. Japón y Corea del Sur crecieron sus industrias desde modestos orígenes, entraron en los mercados mundiales con productos de calidad inferior, pero más baratos, a menudo apoyados con ayuda estatal y luego, poco a poco, mejoraron sus competencias técnicas. La meticulosa acumulación de habilidades tecnológicas permitió con el tiempo, que emergieran empresas multinacionales innovadoras.

Otras economías emergentes trataron valientemente de duplicar esta hazaña, con poco éxito. Las políticas industriales agresivas a menudo tensionaron a los gobiernos, al no lograr entregar la masa crítica de industrias o de capital humano necesarios para el desarrollo.

Para el nuevo modelo que surgió en los 80, los menores costos en el transporte fueron su catalizador, pero algo aún más importante según Baldwin, fue la revolución en ciernes en la tecnología de la información y la comunicación (TIC). Las comunicaciones más baratas permitieron a las empresas gestionar las cadenas de suministro a través de distancias cada vez mayores. Descubrieron que podían construir plantas en lugares baratos, enviar por barco allí los componentes para ser ensamblados y exportar el producto final a todo el mundo. Primero separaron los mercados de producción de los de consumo y luego transformaron la producción a lo largo de las cadenas de suministro de las multinacionales.

Un gobierno amigable con las empresas y mano de obra barata son suficientes para empezar, las empresas extranjeras proporcionan la tecnología y la gestión. Información sobre el comercio analizada por Robert Johnson del Dartmouth College y Guillermo Noguera de la Universidad de Columbia, realiza el seguimiento del cambio. A lo largo de las cadenas de suministro de las multinacionales notaron que un solo componente podía ser exportado varias veces, sumando valores al comercio bruto, pero no a las medidas de valor agregado. Una caída en la relación de ambos indicadores (que llaman VAX), significa un aumento de la fragmentación en la cadena de suministro. 1990 parece ser crítico, año después del cual cae el VAX, mientras que los volúmenes de comercio se disparan, acordes con el crecimiento de los mercados emergentes a partir de ese momento.

Mientras que los tigres asiáticos construyeron una profunda capacidad tecnológica, muchos mercados emergentes simplemente “toman prestada” la tecnología de las empresas del mundo rico. Las multinacionales tienen un incentivo para limitar la transferencia de tecnología y el mejor medio para conservar poder de negociación viene con una amenaza creíble para salir. Pero el aprendizaje aún puede darse.

Otro artículo de Johnson y Noguera muestra que la fragmentación en la cadena de suministro ha sido mayor entre vecinos. Esto dio lugar a clusters industriales regionales. Los acuerdos comerciales son en parte responsables, pero el costo del tiempo es aún más importante. Mejoras en las TIC han hecho una producción más ágil, capaz de fabricar justo a tiempo y con frecuentes cambios de diseño.

Espero que el gobierno nacional capitalice ésta importante lección.

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