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No a la impunidad, Sí a la paz

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El respeto por el Derecho y la Justicia es el fundamento más sólido para la paz, no hay que ser estadista, ni mucho menos jurista, para comprender esa realidad clara para cualquiera con sentido común. Pero también, hay que considerar lo dicho por Hobbes “la ley primera y fundamental de la naturaleza es buscar la paz”.

Tomar el pensamiento de San Agustín “en las cosas necesarias, la unidad; en las dudosas, la libertad; y en todas la caridad”. Nadie duda de la necesaria paz, hay unidad al respecto; en lo que dudamos quienes no estamos contaminamos con la propaganda gubernamental, es en cosas deleznables como la justicia transicional.

Por supuesto la caridad está en el perdón, sin embargo una cosa es perdonar, por demás algo muy personal al obedecer en cada caso a diferentes acicates, que pueden partir del reconocimiento del error y su enmienda; y otra diferente la impunidad, difícilmente aceptada.

Como lo manifestó el Papa Juan Pablo II “La paz exige cuatro condiciones esenciales: Verdad, justicia, amor y libertad”; incumplidas en lo acordado en La Habana, por tener una verdad a medias que favorece intereses personalistas y una justicia vulnerada en sus principios, que obstruyen el amor y la libertad.

En tal dirección expresó, “que nadie se haga ilusiones de que la simple ausencia de guerra, aun siendo tan deseada, sea sinónimo de una paz verdadera. No hay verdadera paz sino viene acompañada de equidad, verdad, justicia, y solidaridad”; por eso dijo, “América: si quieres la paz, trabaja por la justicia”; y también “hasta que quienes ocupan puestos de responsabilidad no acepten cuestionarse con valentía su modo de administrar el poder y de procurar el bienestar de sus pueblos, será difícil imaginar que se pueda progresar verdaderamente hacia la paz”.

Que forma tan pragmática y tan trascendental de ver las cosas por parte de Su Santidad, que lecciones tan iluminadas y sabias incomprendidas por el Gobierno en el manejo dado a éste problema, siendo crítico analizar con cabeza fría, libre de apasionamientos, la coyuntura y decisiones futuras que enfrentamos, en particular el irregular plebiscito en curso.

Reparar en el abominable maniqueísmo dado al tema por parte del Gobierno, inconsciente por estar obnubilado en su caja de pandora, que una vez se abra develará catastróficas consecuencias, siendo la mayor su bastión pero también su talón de Aquiles, la justicia transicional, frágil al contradecir acuerdos internacionales y pilares impartidos a paramilitares extraditados o parapolíticos de alto pedigrí encarcelados y purgando penas.

Muchos tenemos ideas para contribuir a nuestro progreso, pero si no se ejecutan eso no da patente de corso para alzarse en armas y justificar actos terroristas y después por obra de un Estado cómplice, convertirse en redentores de desequilibrios, injusticias y opresiones.

La garantía de la ciudadanía para la paz llega con Estados fuertes y no débiles, anémicos y claudicantes, Estados saludables que eliminen de raíz las principales enfermedades que lo agobian, la corrupción y el clientelismo, ahora tan latentes, que no aprendemos a combatir, sino que exacerbamos continuamente.

Por eso conforme se formule la pregunta del plebiscito, lo aconsejable será votar No, porque de ganar esto, las Farc se comprometieron a no volver a la guerra, sino renegociar lo acordado con base en las instituciones y reglas de juego que mejor favorezcan el interés nacional, aunque su palabra esté siempre en entre dicho.
 

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