Analistas

Manipulación irresponsable

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Las maniobras y argucias que evidenciamos detrás del irregular trámite del plebiscito en curso, llevan a análisis y conceptos que pueden resultar precipitados ante las incertidumbres que tenemos sobre cómo ayudar a construir colectivamente las mejores decisiones, las realmente requeridas.

Es que estar presos de situaciones donde nos sentimos manipulados, creo que es una de las peores desgracias, tanto en lo personal como en lo institucional, y sin lugar a dudas estoy seguro que ese es el sentir de la gran mayoría con cierta conciencia moral y política, acerca del manejo dado a la paz por este gobierno.

La paz es un bien común, un bien público en términos de los economistas, nadie es propietario de la paz y nadie puede estar en contra de la paz, hablar e ir en dirección diferente de esa es atentar contra las mismas bases de la paz, porque a la paz se llega gracias a fundamentos reales como la verdad y la justicia, no mediante verdades subjetivas que solo sirven para distraer públicos incautos, mal informados y manipulables, para finalmente satisfacer intereses personalistas y lograr acuerdos arbitrarios que muy pronto se derrumbarán, justo por eso.

Al respecto el acto más irresponsable y abusivo del actual gobierno es declararse abiertamente partidario del Sí en la consulta popular del plebiscito, sin haber terminado las negociaciones que adelanta y haber expuesto a toda la Nación el contenido final de los acuerdos alcanzados; esto no es serio ni mucho menos legal, máxime al cumplir con que “nada está acordado hasta que todo esté acordado”.

A esto se une el manejo de los tiempos que marcarán la forma y fondo de las decisiones a tomar, así como del futuro de la paz, frágil o sólido, tanto como lo permitan las circunstancias y nos lleve a ella el timonel y mayor responsable de esta situación, que demuestra signos de contradicción, debilidad y mucho afán, sagazmente aprovechados al máximo, por una contraparte cínica y oportunista.

Todos queremos la paz, nadie se opone a eso, que no sea otra la dirección hacia la que miramos todos en este mundo, pero claro, una verdadera paz, inquebrantable porque tiene las bases correctas, que son precisamente las que no compartimos quienes vemos en lo acordado en la Habana, la manipulación de un Estado claudicante que impondrá muchas más cargas y yugos contrarios a la paz, porque el clientelismo, la politiquería y la corrupción crecerían exponencialmente.

La mayor garantía conducente hacia una paz verdadera en nuestro país se dará hoy en la medida que se abran espacios amplios y democráticos para debatir esos acuerdos, que respondan además a esa oportunidad histórica detrás del plebiscito para llegar a decisiones a las que solo podríamos llegar, a través de una nueva Asamblea Constituyente que resuelva legítimamente los puntos en controversia.

Sin embargo, el silencio respecto del contenido de la cuestión plebiscitaria es otro medio maquiavélico de manipulación que resulta inaceptable, pero que además no ha sido debidamente sopesado por el gobierno actual, al que todo se le puede venir en contra porque actitudes como esas, minan la confianza en el obra que realizan y lo colocan al mismo nivel de su contraparte, que triste realidad.

No estoy seguro hasta qué punto para lograr la paz el fin justifica los medios como lo pregonara Maquiavelo. Lo que sí creo firmemente es en el futuro juicio político y porque no penal, de los responsables de la actual macabra travesía hacia la paz.

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