Analistas

La única paz estable y verdadera

GUARDAR

Independiente del resultado alcanzado en el plebiscito, hay algo absolutamente determinante y sustancial relacionado con la auténtica paz y es que esta viene de Dios y a Dios habrá de llegar o volver, así como sucede con la amistad, tal como lo proclama la bella canción; lo cual ha sido pasado por alto por las Farc, que no tienen el más mínimo respeto por Dios y menos por las instituciones.

Así lo demuestran con ese aire triunfalista que ahora los caracteriza después de las victorias por esos acuerdos maquiavélicos y claudicantes, matizados con la soberbia, el cinismo y la altanería a que nos tienen acostumbrados, conducta que se volverá obsesiva y recalcitrante por los medios ganados con los que al fin tienen legítimamente el poder en territorios que antes querían controlar.

No será nada fácil, por no decir imposible, cambiar el espíritu beligerante y por qué no decirlo sicópata que los caracteriza, que probablemente se exacerbará, pero que servirá para que caigamos en cuenta de la cueva del ogro malvado en la que nos metieron, de la que solamente podremos salir con la verdad y la justicia que viene de Dios, con elementos dados por la oración y el perdón verdaderos.  

Solamente mediante éstos actos sublimes realizados con la sinceridad que exigen las circunstancias, podremos liberarnos de los demonios que se nos vienen encima después de lo acaecido con el plebiscito, para que por intermedio de su acción transformadora cambiemos las conciencias desorientadas, pero además tengamos también los medios y recursos que permitan llegar a hechos contundentes de Paz.

De algo puede estar segura la dirigencia de las Farc, nosotros los católicos oramos de alma, vida y corazón por toda la humanidad, en especial y en la medida en que nos vamos acercando cada vez más al Señor, por los que consideramos nuestros enemigos y antagonistas, para que por intermedio de ella, podamos comprender mejor sus móviles e intereses y así enfrentar mejor el misterio del perdón.

Es que resulta preocupante el discurso de Timochenko en la firma del acuerdo final, que muestra la forma como afrontan las cosas y las traducen en hechos concretos, al limitarse a ofrecer perdón lo cual es un poder omnímodo que realmente solo Dios otorga, porque al reconocer nuestros errores y limitaciones lo que debemos es pedir perdón y agradecer que se nos dé; por lo cual lo acaecido sobre el tema y su indebida interpretación pública es empezar con serios errores.

Esto aunado a las declaraciones de Romaña quien dijo “ni me acuerdo”, al ser preguntado por una de sus víctimas en las pescas milagrosas o secuestros masivos que realizó en carreteras del país; matizado con las respuestas agresivas y desafiantes de Santrich al Fiscal, quien en cumplimiento de sus deberes y funciones los emplazó para entregaran los bienes ilícitos.

Pero lo que más preocupa es que al final de cuentas, lo que importa y manda la parada como siempre en este mundo terrenal, es el factor billete, la plata a la que siempre nos doblegamos y que tumbará el proceso, porque dada la fuerte vinculación al narcotráfico de esa organización y las penas alternativas, se replicará el modelo de la catedral de Pablo Escobar.

Así que la verdad, justicia y reparación paradójicamente se alejan cada vez más de ser alcanzadas, porque con la justicia transicional entraremos en un caos jurídico que nos distanciará de la anhelada paz; de ahí, la necesidad de unirnos en oración y perdón verdadero para sortear dificultades futuras.

LA REPÚBLICA +

Registrándose puede personalizar sus contenidos, administrar sus temas de interés, programar sus notificaciones y acceder a la portada en la versión digital.

GUARDAR
MÁS LR

Agregue a sus temas de interés

MÁS LR

Agregue a sus temas de interés