Analistas

Entre Cortinas y Sofismas

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La mala gestión pública está plagada de argucias y también de cortinas para aislar la luz de la verdad y obrar fuera de la mirada general, librándose de competir, de la transparencia que debe darse en la gran mayoría de los actos en el sector público, para así encubrir y corromper; de ahí el término cortina de humo cual masa densa, opaca y artificial de gases, que sirve para ocultarse del enemigo.

Es que en politiquería los que no están dentro de arreglos y componendas son una de dos, adversarios o idiotas útiles, siendo la gran mayoría los primeros pues los segundos solo sirven para limitados intereses perversos y por tal condición, cada vez más expuestos a ser descubiertos y aislados. Esto hace la diferencia con la Política, que al favorecer el real interés general la blinda contra cualquier enemigo.

Así las cosas resulta evidente que cada día somos más presas de innumerables cortinas y sofismas en muchos planos en los diferentes escenarios públicos, del local al nacional, hasta el regional e internacional, inclusive en los llamados países desarrollados, lo que ha trascendido en favorecer el estatus quo en beneficio de poderosos grupos de presión que capturan los intereses del Estado.

Esto ha llevado a lugares comunes, muchos de ellos traducidos en cacerías de brujas y chivos expiatorios, con los que convivimos permanentemente, en algunos casos exacerbados a punto de delirio de persecución como el venezolano, pero en la mayoría, mimetizados en las discusiones que centran el interés nacional dada las condiciones políticas, sociales y económicas vividas.

En nuestro caso particular imperceptibles dada la calificación y competencia que ha caracterizado la mayoría de nuestros dirigentes y los tecnócratas que los apoyan, resultantes de una democracia cuasi sólida como la que nos tipifica, que convergen en lo básico independiente de ideologías, donde las orillas existentes conviven sin mayor diferencia de matiz a la zaga de consensos y clientelas que sesgan y dañan.

Y es que si nos damos cuenta de verdad verdad, acá recaemos continuamente en esquemas de sofismas y cortinas, en especial en los primeros que pareciera nos fascinan, con argumentaciones capciosas que cautivan y descrestan con las cuales nos tragamos los sapos más horribles o las mentiras más grotescas, so pena de caer en el patíbulo como iconoclastas e irreverentes en contra del establecimiento.

Son muchas las razones aparentes por las cuales se aboga y busca persuadir sobre la autenticidad de lo falso, como pasa con la salud, la educación y la oferta productiva, pero más grave los avances amañados de lo negociado en la Habana, que generan todo tipo de reacciones por la forma como evoluciona tal asunto, que deja perplejo a cualquier observador medio informado sobre el particular.

Vemos un Estado débil con inmenso afán de protagonismo mundial, que claudicó ante una insurgencia terrorista, cínica, sicópata y oportunista, con extravagancias en términos de condiciones como la llamada justicia transicional, que riñe con los buenos estándares aprobados por la comunidad internacional como el Estatuto de Roma, lo que abre boquetes de impunidad e inconsistencias muy peligrosas. 

La única reparación posible a la victimas creo apela sólo a la Verdad, que también es única y es el único camino para llegar a la Justicia y el Perdón, traducidos en verdadera Paz. Sin Verdad, es casi imposible perdonar, pero igual sólo a la Justicia Divina es a la que debemos apelar, que resulta insoslayable ante las burlas que la humana le da, porque tarde que temprano la tendrá que enfrentar.

 

 

 

 

 

 

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