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El paradigma en evolución (I)

Con ese sugestivo título presentó en días pasados un informe Pier Carlo Padoan, economista jefe y secretario general adjunto de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico OCDE, entidad multilateral que en la competencia del conocimiento librada por los grandes think tanks, cada día se le reconoce más su transcendental rol.

Destaca éste informe el eminente cambio de paradigma que se dio a inicios de la década de los noventa del siglo pasado, cuando los asuntos relacionados con las políticas estructurales progresivamente ganaron prominencia, mientras que las políticas macroeconómicas se volvieron más basadas en reglas. La gran moderación de los precios y un crecimiento estable desde mediados de los años noventa fue visto como una evidencia del éxito del paradigma.

Menciona que aunque las estadísticas favorables lograron enmascarar los crecientes desequilibrios subyacentes, cuando estos estallaron con la crisis financiera de 2008-09, las certezas establecidas una vez más cayeron y nuevos enfoques para la formulación de políticas tomaron la delantera.  A su pregunta ¿que produjo estos desequilibrios?, responde que desde mediados de los noventa la economía mundial se volvió cada vez más integrada por la eliminación de las barreras al comercio, la liberalización de los flujos de capital, la propagación de las nuevas tecnologías y la caída de la cortina de hierro. Resalta el caso de China, ahora la segunda economía más grande del mundo.

Al respecto sostiene que desde su adhesión a la Organización Mundial del comercio en 2001, China ha obtenido grandes superávits de cuenta corriente, como varias otras economías, incluidas las exportadoras de petróleo. El "exceso de ahorro" global permitió a Estados Unidos y otros países con déficit externo financiar sus déficits de cuenta corriente en términos favorables y mantener bajo el interés de los bonos soberanos, especialmente desde que la globalización significa un enorme aumento en la oferta global de trabajo poco calificado, que mantiene bajos los indicadores de inflación. Aparte de la innovación financiera sin guía, esto permitió a la política monetaria contribuir a la excesiva toma de riesgos y endeudamiento.

Destaca que el estallido de la burbuja dotcom en 2000-01 debió haber sido tomado como una advertencia del aumento indebido del riesgo sistémico. Sin embargo, el potencial de los riesgos financieros sistémicos no fue monitoreado eficazmente y las decisiones políticas no pudieron incorporar las consecuencias del rápido crecimiento procíclico del apalancamiento y la concentración de riesgos, lo que incrementó el potencial de los choques de cruzar fronteras y mercados.

Según Padoan esto explica cómo problemas en un pequeño rincón del mercado financiero en Estados Unidos (hipotecas que representaron sólo el 3% de los activos financieros estadounidenses), pueden infectar el sistema bancario mundial completo y cómo se desencadenó la espiral explosiva de la caída de precios de los activos y las pérdidas de los bancos. La crisis financiera expuso así una serie de graves defectos en el paradigma predominante.

Describe en primer lugar que mientras que la política monetaria ganó la batalla contra la inflación, lo hizo con el apoyo de la globalización, enfriando las presiones inflacionarias en medio de condiciones económicas boyantes; lo que resultó en una política acomodaticia. En segundo lugar, las reglas de política fiscal fallaron al no proporcionar incentivos para construir amortiguadores en tiempos de bonanza, ó al medir las consecuencias del aumento de los desequilibrios del sector privado al sostener las finanzas públicas, lo cual produjo la crisis de la deuda soberana. Tercero, la supervisión a los mercados financieros no prestó suficiente atención a los riesgos sistémicos derivados del apalancamiento y las posibles consecuencias de la creciente globalización financiera en la transmisión de choques a través de las fronteras. Y por último, mientras que las políticas estructurales se llevaron a cabo en muchos países, hubo poca coordinación internacional de las alternativas de política, contribuyendo a una persistencia de desequilibrios entre los países en el ahorro y la inversión.

Sostiene que estos defectos son ampliamente reconocidos y ameritan un cambio de paradigma. Como será y lucirá éste paradigma es difícil de decir con precisión, pero seguramente contendrá los elementos en común que, según Padoan, describiré en la segunda parte de este artículo.