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El BMF de la Agenda Nacional de Competitividad

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Dilucidar ‘el bueno, el malo y el feo’ en la Agenda Nacional de Competitividad ANC requiere tratar de parodiar dicha película clásica en tal contexto, es decir identificar cuáles podrían ser sus fortalezas y recompensas, las graves amenazas y peligros que pueden aniquilarla, y los robos que puede suscitar la pérdida de oportunidades resultantes de omisiones y vacíos críticos en su contenido y ejecución.

En la ANC presentada oficialmente por el Presidente Santos el pasado 17 de julio, antecedida para el efecto con la expedición del Decreto 1500 de 2012, “por medio del cual se dictan medidas para la organización, articulación y funcionamiento del Sistema Administrativo Nacional de Competitividad e Innovación”; está plasmado un plan de acción con 109 tareas priorizadas, que paso a comentar brevemente.

En primer lugar cabe destacar que la ANC resulta de un esfuerzo colectivo en el que participaron las fuerzas vivas de la nación, representadas por las personas e instituciones con relevancia en el tema, provenientes del sector público, privado y académico; lo que le imprime legitimidad además de legalidad; sin embargo, éste ejercicio de élites no significa el sentir de la nación, ni tampoco garantiza su éxito.

Al respecto, la creación de la Comisión Nacional de Competitividad e Innovación, con los comités ejecutivo y técnico que la soportan, así como las Comisiones Regionales de Competitividad y su instancia de coordinación nacional, todas previstas en el decreto antes mencionado, permiten reduccionistamente la participación del sector privado, lo que acentúa privilegios, pero está bien porque institucionaliza estos espacios para entidades calificadas, aunque posiblemente sesgadas por intereses de los grupos que representan, sin que por tanto esto signifique necesariamente lo mejor para el futuro del país.

Digo esto entre otros motivos por la no respuesta y, por qué no decirlo, la aparente indolencia de las instancias antes mencionadas y sus integrantes, acerca del debate relacionado con mi propuesta para el cierre de brechas de la innovación, no porque sea la panacea, sino por ser una solución alterna y estructurada, un aporte que enriquece la debida discusión de un asunto de crucial importancia para el país.

Es que al revisar el contenido de las actividades previstas en la ANC en especial para las categorías planteadas relacionadas con el desarrollo tecnológico, la innovación y la mal llamada sofisticación de los negocios, que aunque incluyen objetivos y algunas metas concretas bien orientadas, no dejan de ser pasos muy cortos y lentos en la creciente desventaja de la carrera por el conocimiento, de la competencia por el saber y el dominio de las fronteras de la producción, en unos campos de juego delineados por los mercados y sus principales protagonistas, aún a la espera del amparo del Estado para su benéfico despliegue ó tal vez mejor, de la mano de éste para que sus gladiadores saqueen y dilapiden a su antojo.

Una de las categorías que merece un reconocimiento por su tratamiento en la ANC es la de educación que finalmente incluye aspectos definitivos para mejorar la calidad tan malograda, al incorporar dentro de las actividades el desarrollar una estrategia de cultura de la evaluación de docentes y directivos, acompañada de la implementación de esquemas de incentivos para premiar el cumplimiento de las metas de calidad, lo cual responde a una sentida necesidad.

Sobre el aprovechamiento de la biodiversidad aún se ciernen muchas dudas e incertidumbres que necesariamente debemos abocar, so pena de quedarnos con las penas y no con los beneficios que conlleva esta extraordinaria oportunidad aún en ciernes. Acerca del programa de fortalecimiento de clusters que fomenten iniciativas de carácter regional, aún se carece de los dientes y músculos que sin costarle al Estado, propendan por la incorporación de nuevos eslabones en la cadena de valor de los mismos, que ante todo resulten proclives al conocimiento.

Si bien lo planteado en la ANC y la coyuntura nos pueden llevar a crecer a más del 6% que luce tan deseable, la pregunta a hacerse es ¿qué tan equitativo, sostenible y sustentable resulta éste crecimiento en el mediano y largo plazo cuando se hayan acabado o deteriorado nuestros recursos naturales, su primordial fuente? Fáciles son los argumentos demagógicos, sin embargo la realidad y los hechos son tozudos y con seguridad difíciles en todos los frentes donde haya competencia.

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