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Educación, trabajo e inversión (I)

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Como lo he mencionado varias veces y tal vez pueda parecer perogrullada o tema trillado, la educación es la principal y la más decisiva inversión que puede realizar una persona, familia ó sociedad, pues de la misma depende en gran medida su nivel de realización y satisfacción, lo cual va aunado al éxito o a sumergirse en la mediocridad y probablemente en el fracaso del oficio personal, familiar ó social.

¿Porqué hay entonces contextos tan poco conscientes de esta realidad que no alcanzan a comprender ésta verdad, éste axioma fundamental para el desarrollo y el bienestar? La respuesta es sencilla, simplemente porque subsisten muchos gobernantes con cómplices entre la dirigencia, que mantienen vigentes prácticas arcaicas como mantener al pueblo ignorante porque es más fácil dividirlo y vencer.

Es así como desde la época del imperio romano se dice que al pueblo solo hay que darle pan y circo para que se mantenga contento y respalde lo que sea. De ahí que nuestro libertador Simón Bolívar clamaba con acento preclaro “la esclavitud es hija de tinieblas, un pueblo ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción”. 

Esto es resultado de un medio donde prima el interés personal sobre el colectivo, donde la politiquería se antepone a la Política y la lucha pírrica de maquinarias y mafias enquistadas entre la corrupción pesa más que el bienestar general, lo cual parece haberse forjado sobre el pensamiento de Goebbels, el ministro de la propaganda de Hitler, que sostenía que “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”.

Y aunque se hable de buscar el mejor futuro para los jóvenes, si no les enseñamos capacidades para razonar y pensar que permitan formar una sociedad crítica, ésta será la mejor forma de impedirles convertirse en responsables de su destino y mantener a la sociedad ignorante y peor, dependiente y sumisa ante la autoridad, ante un establecimiento macabro que vulnera sus derechos y hasta su dignidad.

Tenemos mucho que aprender de países como Finlandia, que no tiene mayores recursos naturales y su himno nacional dice: “somos un país pobre que no tiene oro, el recurso que tenemos es nuestro pueblo”, por eso invierten en él, toda persona recibe formación para ir tan lejos como su capacidad lo permite y no es suficiente que en la sociedad haya algunas personas muy capacitadas, pues todas tienen la posibilidad de formación durante toda la vida. 

Para Tarja Kaarina Halonen, presidenta de ese país de 2000 a 2012, los principales problemas sociales en cualquier parte del mundo son la educación y la corrupción, por eso su legado tiene las siguientes frases: “Un pueblo educado sabrá elegir a dirigentes honestos y competentes que elegirán los mejores asesores y no permitirán corruptos, ni incompetentes. “Un pueblo ignorante vive de ilusiones, desperdicia sus recursos y se empobrece”. 

Sigue Halonen: “un pueblo educado sabe muy bien diferenciar un discurso serio de una prédica demagógica, pero un pueblo ignorante es terreno abonado para la demagogia”. “Un pueblo educado prospera aún en condiciones adversas”. “Cuanto más ignorante es el pueblo más perduran los corruptos y más enriquecimiento ilícito habrá, la corrupción siempre estará por ser el negocio de los sinvergüenzas”.

Cabe mencionar que Finlandia pasó rápidamente de ser una economía basada en la explotación de recursos naturales a ser país altamente industrializado cuyos sectores claves están en las industrias madedera, metalúrgica, ingeniería, telecomunicaciones y de productos electrónicos, entre las que se destaca Nokia; con una producción per capita mayor a la de Corea del Sur.

Así los cosas invertir en educación de calidad con cobertura universal debería ser la prioridad para garantizar trabajos cada vez más pertinentes para la sociedad del conocimiento, ya sea como emprendedor ó como empleado, lo cual redundará en mejores condiciones para garantizar la distribución del ingreso y la riqueza de forma sostenible, sin que para esto haya un único camino.

Al respecto la Corporación Andina de Fomento lanzó a comienzos de este mes el informe titulado “Educación técnica y formación profesional en América Latina: el reto de la productividad”, sobre el cual me referiré en el próximo artículo pues estimo que las lecciones están dadas, pero prevalece el interrogante ¿Cuándo aprenderemos a capitalizarlas?

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