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Distractores Letales

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Estaba Roberto Ruíz en una de sus consabidas rumbas, sí ese mismo de nuestra apacible cumbia, el preferido por las muchachas en las parrandas y él que todos querían porque invitaba a beber gratis, sin embargo, al obnubilarse por ser centro de atracción de miradas y querer mantener su estrellato, perdió orientación, además de estabilidad y finalmente desfalleció sin nada.

Algo similar le sucede a mucho protagonista en la novela gubernamental y las vedettes responsables del show del reparto público de las cuentas gruesas de la nación, que por solo estar pendientes de salir bien en la foto coyuntural con la figura del momento y pagar favores a grupos de interés y presión que capturan las rentas del Estado, condenan el interés general al atraso y la pobreza.

Son muchos los sofismas de distracción que contribuyen de manera decidida a que esta catastrófica circunstancia se haya enquistado hace rato en nuestra realidad y haga parte de nuestro comportamiento atolondrado, y aunque estos se diferencian en esencia y alcance, se identifican en génesis y naturaleza al fundarse en consensos débiles, carentes de la prueba y racionalidad requerida.

Inicio por mencionar que el principal desacierto que estimo aturde en lo público y privado, es aún considerar al neoliberalismo a raja tabla como la única solución. Así lo dijo hace poco un reputado analista en esta página, con tal reduccionismo y facilismo que peyorativamente habló de cerrar la economía, porque los culpables serían la dificultad de botar empleados y bajar su costo, así como los impuestos.

Al respecto es preciso reflexionar que la principal dificultad tiene más connotación estructural y vertical que horizontal, por lo tanto, su tratamiento y solución deberá de cumplir con esta exigencia. De ahí la literatura reciente reconoce que el Estado debe aprender a intervenir en los mercados, pero también fue tradición dentro en la doctrina y filosofía conservadora, norte que desafortunadamente se perdió.

Es así como producto de esa política neoliberal, que en nuestra nación abarca el espectro que representa la mal llamada social democracia, hemos trastornado la orientación industrial exportadora que nos caracterizó, con una concentración de exportaciones no tradicionales de 53% en 1992, a 29% en 2014, situación que va en claro detrimento.

Esto se agrava por la penetración de las importaciones que abastecen el mercado doméstico que pasó en 1985 del 15% al 27% el año pasado, circunstancia que se manifiesta en los resultados deficitarios de los TLC que hemos firmado, también traducidos en lamentable pérdida de empleo, así como cierre y traslado de cadenas globales de abastecimiento a otras economías.

Por supuesto el meollo del asunto está en dinamizar la inversión, pero no cualquier tipo de ella, ni solamente la extractiva como claman los adalides del neoliberalismo y los intereses facilistas que exacerban las inequidades y marginación. Por eso ante la pregunta sobre dónde tratar el cáncer de la pobreza, hay que mirar muy bien qué es lo que lo causa, que sin lugar a dudas se origina en el pensamiento de las clínicas consideradas más prestigiosas.

Por eso hay que pensar muy bien en lo que dice el porro “si quieres una cerveza, un trago de vino y otro de anís……, por eso no te preocupes que eso lo paga Roberto Ruiz”, porque estos distractores, son letales.

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