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Desarrollo productivo y clústeres

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Para alcanzar el verdadero desarrollo productivo que cierre brechas e incorpore dinámica y permanentemente nuevas destrezas, habilidades y capacidades en un número creciente de fronteras del conocimiento y la producción, la experiencia internacional ha demostrado que se requiere, ante todo, de  políticas públicas adecuadas, aunadas al decidido compromiso de gobernantes consecuentes con éstas.
 
Son muchos los ingredientes necesarios para materializar este objetivo, entre ellos el relacionado con las aglomeraciones productivas o clústeres que ciertamente bien utilizados, pueden contribuir decididamente en ese propósito. No obstante, si su aplicación se sesga, se incurre en el riesgo de desaprovechar su uso reduciendo el alcance y beneficios, solo a sectores capaces de capturar al Estado y el sistema.
 
Los clústeres se manifiestan como concentraciones geográficas de empresas, instituciones y universidades que comparten el interés en un sector económico estratégico que prima, por lo que éstos se pueden presentar en industrias en todos los sectores productivos: primario (recursos naturales), secundario (manufactura) y terciario (servicios); e inclusive pueden significar la combinación entre ellos.
 
El factor clave en el desarrollo de los clústeres creo está en la disposición y oferta de grandes empresas de clase mundial en sectores e industrias que busquen desarrollar su cadena de abastecimiento con otras más pequeñas relativamente cercanas a ella, lo cual favorece el fortalecimiento endógeno, más no incorporar las fronteras de la producción donde no tenemos competencias ni capacidades. 
 
De ahí que para que haya un exitoso desarrollo de los clústeres, es ante todo necesario estructurar una política que atraiga el mayor número posible de grandes jugadores, en la mayor cantidad posible de sectores proclives al saber, de manera tal que las inversiones que éstos realicen, no solo físicas sino en materia de I+D, sean la base continua a partir de la cual se adquieran las adolecidas competencias.
 
Por supuesto que hay regiones con sectores con aglomeraciones en los cuales no priman las grandes empresas, sino el prestigio y la reputación resultante de demostrar que manejan el estado del arte en competencias y capacidades con favorable relación coste/beneficio, como bien pueden ser los casos de la salud especializada y del turismo selectivo, los cuales tienen esa especial connotación.
 
Sin embargo, la mayoría de los otros requieren empresas anclas y pivotes que son necesarias para cubrirse del “riesgo de seguir a la deriva y permitir que el viento del atraso nos aleje cada vez más del desarrollo, pero también por sujetarnos a camisas de fuerza que impiden las incorporaciones y oscilaciones propias de la sociedad del conocimiento y la innovación”, tal como lo sostuve en el artículo “Anclas y Pivotes Industriales” (Sep.2/2013)
 
Si bien es cierto la promoción de clústeres contribuye en la industrialización, en si misma está supeditada a la calidad y complejidad tecnológica de las cadenas de valor que tiene asociados, por lo tanto los ejercicios que actualmente se realizan en el país sobre el tema, de ninguna manera representan un fin en sí mismo, sino más bien un inicio que permita que este concepto no caiga en sofisma de distracción, consenso, dogma o moda, que pueda además deslegitimar su uso, tal como igual puede suceder con los TLC, los cuales en ambos casos, no fueron necesarios para que surgieran las potencias productivas mundiales de hoy.
 
De cualquier manera, el factor crítico de ésta herramienta está, insisto, en la calidad de empresas ancla y pivote alrededor de las cuales se desarrollen los clústeres y es justamente esa la gran debilidad para el éxito de esa política acá, la misma carece de elementos que promuevan un acervo o masa crítica de empresas grandes de clase mundial en múltiples sectores dispuestas a esto, en particular y en especial, donde no tenemos competencias ni capacidades.
 
De ahí la importancia de introducir los “Parques Productivos Innovadores PPI”, que brinden las condiciones y estímulos necesarios para el adecuado fomento y desarrollo de los clústeres conforme las ventajas comparativas de las regiones, PPI que pueden ser financiados con los recursos de las regalías, pero además la normativa para su despliegue podría contribuir a revisar el cuestionado y desprestigiado régimen de zonas francas, todo lo cual hace parte sustancial de una auténtica reforma estructural.
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