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Del gasto a la inversión

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Los dos conceptos para nada se parecen, ni siquiera comparten naturaleza contable ni financiera, porque mientras el uno es erogación extinguible y fungible a ser racionalizado para ganar productividad, el otro es piedra angular que produce rendimientos y base de apalancamiento para optimizar resultados; sin embargo, gasto e inversión pareciera que tuvieran el mismo significado y aplicación, con malas consecuencias.

Aunque hay de gasto a gasto, hay también de inversión a inversión, por lo cual determinar tipologías de unos y otros lo estimo de muchísima utilidad en las circunstancias actuales, en principio por la necesidad de iniciar la mutación de la moda del consumo por el paradigma del crecimiento, lo cual será posible en la medida en que haya claridad sobre los alcances e implicaciones de unos y otros.

Sobre los gastos, aunque se encuentran claramente tipificados según el origen de su causación, vale decir administrativo, de venta ó financiero; la verdad es que suelen confundirse con los costos, más relacionados con el proceso operativo de convertir la materia prima, más la mano de obra directa y los costos indirectos de producción, incluida la adecuada tecnología, en productos listos a ser vendidos.

Por supuesto que todo parte de la inversión o capital requerido que hace viables los recursos necesarios para realizar cualquier actividad productiva. Lo anterior se da en todos los planos desde la vida personal, al empresarial, hasta el social en todos los sectores productivos; clave de vislumbrar como debería ser, so pena de caer ahogados en crisis que imposibiliten salidas factibles en entornos inciertos.

La equivocación surge desde el enfoque que tenemos de la educación, considerada como la inversión que debería transformarse en costo edificante de personalidades que reformen y mejoren permanentemente las condiciones sociales imperantes; no obstante la educación que hemos recibido ha sido más gasto que inversión, porque su contenido no ha respondido a este fin, por lo cual está contaminada y enferma.

Esta grave situación conlleva a tener que dedicar el triple de recursos al mismo fin con los perversos resultados que esto implica. Es así como ahora estamos abocados a identificar que debemos desaprender por tenernos estancados, marginalizados y postrados ante las potencias, con lo cual ya tenemos el doble de los recursos dedicados al mismo fin, sin que la tarea haya quedado terminada.

Aún está pendiente descubrir cómo salir de la trampa del atraso y la pobreza focalizada en la educación, por lo cual antes que pensar en cómo copiar a medias ó malas soluciones adoptadas de otros contextos, hay que centrarnos en identificar las bases y fundamentos culturales que permitan construir la doctrina y patrones pedagógicos requeridos para proyectar y desplegar todo nuestro potencial.

Son muchas las fallas en la educación, pero la principal que lamentablemente recae en el sistema socio político y cultural, tiene que ver con el pensamiento crítico que para nada se cultiva ó fomenta, ni mucho menos se aprecia ni valora.

Esta situación secular originada en cartillas desgastadas que no responden a la realidad, se nota en la formación escolar y universitaria y peor aún en profesiones liberales dirigidas por consensos dañinos que monopolizan la verdad al servicio de intereses particulares miopes y sesgados, en detrimento del beneficio general.

La creación de riqueza y de valor requiere ante todo de inversión, que podrá fructificar y redituar beneficios, sí y solo sí se aprecia en todo su esplendor cuando está fundamentada en la verdad, de no ser así el oscurantismo del que hacen gala los dueños del poder, mantendrá el caos, la iniquidad y la mentira.

Claro. El principal tipo de inversión tiene que ver con la educación, que no podemos permitir se siga convirtiendo indefinidamente en gasto, como hasta ahora sucede y pareciera ser la tendencia, con las nefastas implicaciones que esto conlleva. De ahí que la base única y original a partir de la cual tipificar la inversión es la educación que se traduce en conocimiento, capacidades y competencias.

Coletilla: Lugares comunes, al igual que ideas, son válidos en tanto reconocemos las diferencias que hay entre quienes los integramos, pero igual si comprendemos la importancia de la pluralidad y la tolerancia para sacarles el máximo provecho posible, si no se vuelven escenarios donde solo ganan los hábiles depredadores representados en las cabezas del establecimiento, para finalmente perder todos.

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