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De narrativas a realidades

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Germán Bolívar Blanco

La fuerza de la palabra se reconoce llega a recónditos y sutiles campos, la mayoría de veces desconocidos conforme es expresada, constituyéndose en sí misma en fuente de narrativas, relatos e historias que edifican el legado social y cultural de cualquier localidad, país o región, pero aún más, de cualquier persona conforme su condición y sentimiento humanista; manifestación que ojalá siempre respondiera con espíritu constructivo al solucionar problemas o mejorar situaciones que tienden a empeorar, en procura del bienestar general.

Todo esto que pareciera ser un lugar común, y tal vez de suyo lo es, significa algo místico más nunca misterioso, porque conforme es manejado por cada uno y en conjunto, así mismo se refleja en las distintas realidades que desde cada ángulo, sienten y viven las personas y las sociedades, donde claro está hay algo clave en todo esto, la esencia y determinante en su plena representación, la actitud, con la cual o sin la cual, la palabra pasa de perdedora a ganadora, o viceversa, en gran parte del acontecer diario.

Sin embargo, la interpretación de los lenguajes tiende a privilegiar las tesis ganadoras del momento, donde el historicismo erra al buscar señalar nexos causales que lo pueden convertir en perpetuador de regímenes opresores, como bien los explicara Walter Benjamin. De ahí la importancia de indagar con mayor rigor sobre la historia y porque no decirlo el hoy, el presente, el ahora o Jetztzeit, unidos al sentimiento y palabras de los perdedores, del fundamento, consistencia y pertinencia de sus narrativas e historias, que, por supuesto constituyen realidades, además consustanciales en la construcción de la auténtica verdad, en el tránsito hacia el deseado materialismo histórico.

De ahí que los diagnósticos sociales no solamente deben tener una mirada y concepto por amplio y comprensivo que sea, sino que requieren de múltiples visiones que contribuyan a la construcción de realidades holísticas, a la asimilación de verdades incomprendidas individualmente, para así solucionar y afrontar de la mejor manera posible los diferentes problemas y retos que conlleva la existencia, pero además el Gobierno Nacional como director de orquesta en el concierto Estatal, debe tener profundo respeto pero además un compromiso indeclinable, no solo de escuchar sino de responder debidamente a todas las inquietudes, pero sobre todo las propuestas que mejoren su acción.

A Dios gracias y nuestros votos, claro está tenemos un presidente con un carácter y talante conciliador no visto hace mucho tiempo, reconocido por sus contradictores, en quien podemos confiar porque habla con genuina sinceridad, pero que debe con todo respeto reconocer falencias en las cuales las narrativas y realidades pueden alinearse mejor en la medida que es mejor luchar por hacer converger el interés supremo y el PND, que el desgaste de imponerlo.

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