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Consecuencias de la inversión

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Son muchas las implicaciones que tiene la inversión según su naturaleza, las cuales varían en alcance e impacto conforme las variables involucradas, sin que hasta el presente se haya realizado un análisis riguroso sobre esta materia. Se han limitado a describirla como privada o pública, pero de ninguna manera ha contemplado lo que conlleva o trae consigo.

En el campo de la inversión pública el tema se ha centrado en la infraestructura como si esta fuese la única o mayor fuente de crecimiento y desarrollo, lo que ha llevado a ignorar o por lo menos a descuidar otros frentes más relevantes y trascendentes como los relacionados con la educación y la salud, lo cual de por sí marca una aberrante tendencia que solo favorece a grupos privilegiados y mafias.

Una visión reduccionista de ver la inversión como forma de repartir prebendas y aprovechar recursos públicos para premiar a quienes tienen la posibilidad de negociar con los mismos, ya sea para lograr dividendos vía votos de ignorantes cautivos que se sienten beneficiarios de logros espurios o simplemente para abrir espacios que fácilmente se convierten en caldo de cultivo para la corrupción.

Haber desplazado en particular a la educación como el foco de inversión pública por excelencia ha acarreado las enormes inequidades, injusticias y asimetrías que se traducen en exclusión, fragmentación y polarización, que finalmente llevan a caer de manera recurrente y sistemática en el atraso, pobreza y desilusión que condena y caracteriza la mayoría de la población sin posibilidad de reivindicación.  Lo anterior con el agravante que muchas agencias multilaterales de desarrollo ante las supuestas restricciones presupuestales de los países, pregonan como solución la movilización del sector privado para que invierta en educación y salud, al tiempo que les exigen a manera de reprimenda que si no dedican ingentes recursos a la infraestructura, no tendrán derecho a las pírricas ayudas para la educación y salud.

Una paradójica forma de ver la inversión pública para mantener o aumentar las brechas y diferencias entre los que verdaderamente tienen el poder y quienes estamos en la periferia, que desafortunada y tristemente no alcanzan a vislumbrar las lumbreras tecnócratas que nos dirigen, que casi siempre se alinean con quienes defienden de manera soterrada esta situación en busca de ostentar puestos allí. Valen más los dogmas trazados por el establecimiento mundial dominante que procura mantener el estatus quo a favor de sus intereses, como si fueran la panacea, sin aún haber sido capaces de identificar los casos exitosos que se han apartado de libretos nocivos, básicamente por la mentalidad esnobista de la que hacen gala quienes vienen de estos centros y buscan fehacientemente volver allá.

En el campo de la inversión privada la situación pareciera ser la misma, pues aunque la tipología es más amplia y se habla de inversión en muchas formas como la inmobiliaria, en acciones, monedas, bonos y fondos que constituyen determinado portafolio; son las acciones y bonos las que marcan la pauta productiva, pero igual con muchas falencias y debilidades al ponderar su desempeño y aporte económico y social en un municipio, región o país.

Por supuesto que en términos genéricos la inversión productiva tiene múltiples efectos benéficos como la acumulación de capital, el crecimiento del producto, la ampliación y desarrollo del mercado doméstico, la innovación y desarrollo tecnológico, el aumento de la productividad y la competitividad, la mejora en el comercio exterior y la balanza de pagos, entre otros.

Sin embargo a la hora de verificar su real aporte faltan por vislumbrar elementos de juicio que contribuyan a exfoliar todos y cada uno de los componentes que la constituyen, para entonces determinar las verdaderas consecuencias que acarrean, por qué no todas son tan buenas como parecen o tan malas como se les quiere hacer parecer a fuerza de generalizar y estigmatizar por su origen. Es así como la inversión extranjera, en especial la realizada por las multinacionales, cayó en una suerte de desvirtualización y peor aún la han convertido en la mala del paseo primordialmente por las agrias experiencias con el aprovechamiento de los recursos naturales, lo cual ha impedido la formación de una estrategia que permita sacar el máximo provecho a la oportunidad de vincularlas debidamente.

¿Hasta cuándo seguiremos así?

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