Analistas

Combate a los delitos financieros

Los hechos de este año en nuestro país y en el mundo desarrollado demuestran la fragilidad de los mercados financieros y el aún no solucionado problema de riesgo moral que embate con toda su furia y poder al orbe, y ocasiona fracturas y cataclismos que nos afectan a todos, pero que ante todo se cierne como un serio llamado a revisar la arquitectura, alcance y efectividad de la regulación actual.

Independiente de la crisis de Interbolsa cantada por agentes del mercado mucho antes del descalabro, llama la atención cómo en nuestro medio pasó sin mayor ruido el enorme lío en el cual andan algunos de los principales bancos del mundo, con el prestigioso inglés Barclays a la cabeza por manipular tasas de referencia como la Libor, así como el HSBC por lavado de activos en la sucursal de México.
 
Estos rollos que nada tienen que ver con la crisis financiera e hipotecaria de 2008, se destaparon a la opinión pública a mediados de éste año después de años de investigaciones, para el blanqueo de dinero del HSBC entre 2004 y 2008, y para la manipulación de tasas entre 2005 y 2009; que demuestran que aunque pareciera demorarse, entuertos y negocios oscuros siempre quedarán al descubierto.
 
La manipulación ilegal de tasas liderada por el Barclays le costó la salida del jefe ejecutivo, el presidente y el director de operaciones, además de sanciones por US$454 millones, pero también enfrenta junto a otros 20 bancos de primer nivel tales como JPMorgan Chase, Citigroup, Bank of America, Crédit Suisse, Deutsche Bank, Lloyds, Rabobank, Royal Bank of Canada, Bank of Tokyo-Mitsubishi, UBS (Unión de Bancos Suizos), HSBC, Crédit Agricole, y Royal Bank of Scotland (RBS); demandas por daños y perjuicios que podrían totalizar US$12.000 millones.
 
Éste que para algunos se considera el fraude financiero más grande en la historia por supuestamente afectar contratos hasta por US$800 billones, es un escándalo que revela conductas colectivas inapropiadas con el aparente respaldo de las autoridades, que se acentuó para generar mayores utilidades u ocultar situaciones financieras débiles en medio de la crisis, lo cual afectó a millones de ciudadanos en todo el mundo.
 
El caso de blanqueo del HSBC en México muestra como una de las entidades financieras más grandes del mundo, sino la más grande, presentó graves fallas administrativas que la hicieron vulnerable de realizar operaciones con recursos de procedencia ilícita que permitieron lavar miles de millones de dólares, por lo cual tuvo que pagar multas por US$29 millones en México, sin contar las sanciones pendientes de Estados Unidos estimadas en US$1.000 millones.
 
Otros casos graves de engaños que están siendo judicializados en Estados Unidos en contra de grandes bancos como los antes mencionados, tienen que ver con la comercialización de productos financieros sofisticados tales como complejos swaps de tasas de interés y derivados financieros, vendidos a clientes que no eran inversionistas profesionales, quienes a la postre terminaron con grandes pérdidas y enormes ganancias para sus contrapartes los bancos.
 
Las fallas estructurales resultantes de la opacidad se manifiestan en fraude, encubrimiento, manipulación, abuso de confianza, conflicto de interés y lavado de dinero a escala masiva, que auspiciadas y amparadas por los temerarios paraísos fiscales, tienen como efecto el deterioro de la percepción y la confianza pública en el sistema financiero, lo cual requiere como antídoto de un proceso de reforma continua del sistema financiero mundial y por supuesto los nacionales, que blinde a los usuarios y la ciudadanía en general de posibles atropellos en contra suya.
 
En conclusión, para fortalecer la alicaída institucionalidad a cargo de la normativa y supervisión de los sistemas financieros y la integridad de los mercados, estimo necesario en principio elevar los votos de confianza en ésta y cambiar su maniobrar a veces tardío, por acciones proactivas cada vez más eficaces y eficientes, por lo cual además de revisar y reescribir per se la regulación, es preciso dotar a la institucionalidad de más y mejores recursos, instrumentos idóneos y mayor capacidad de acción.