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Cierre de brechas: cuestión de enfoque

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Lograr el desarrollo equitativo sostenible y sustentable es en principio una cuestión de enfoque para luego convertirse en un asunto de gestión. Lo inicia el prisma con el cual se formula el problema y se diseñan las soluciones, y lo materializa el estilo y compromiso al ejecutar las estrategias, programas y herramientas relacionadas con los lineamientos y respuestas de política pública que el enfoque predetermina.

El desarrollo o crecimiento importa, pero igual importa que sea redistributivo y promueva la democratización de la propiedad que lleva a la equidad; pero además que sea sostenible y se mantenga durante el tiempo, y no menos importante que sea sustentable, es decir que lo haga sin deteriorar el medio ambiente, sino por el contrario, mejore las condiciones al aprovechar los recursos naturales.

Lo anterior como lo he mencionado en este espacio solo puede alcanzarse con innovación científica y tecnológica en todas las arenas del conocimiento y la producción. En todas las disciplinas duras y blandas, en especial en nuestro caso en las ciencias sociales dada nuestra deplorable coyuntura y precaria situación, producto de dogmas y cartillas agotados, y de dilemas y sofismas pro estatus quo.

De ahí la importancia de mirar la experiencia y lecciones internacionales exitosas para apropiarse de ellas y adaptarlas a las circunstancias propias de la región y de cada nación, lo cual no hemos aprendido a asimilar en América Latina incluida Colombia, salvo excepcionales casos puntuales como el brasilero, que es tal vez el único país de la región con una política pública de innovación medianamente clara.

Pero cuando miramos en especial los países de Asia que lograron desarrollarse recientemente, se entienden mejor las falencias en el enfoque y la gestión sobre el tema. Por supuesto que hay diferencias entre los paradigmas coreano, malayo, chino o de Singapur, entre otros, y varían en cada caso en múltiples aspectos; en lo que sí coinciden, es en el trascendental rol del capital humano y emprendedor.

La correcta movilización y dinamización del capital humano, en unos casos con la capacitación de sus nacionales en las mejores universidades del mundo y en otros promoviendo la vinculación de profesionales de otros países para generar externalidades positivas. Aquí aún seguimos aferrados al primer camino que es el más costoso y demorado, con lo cual cada vez nos alejamos más de lo anhelado.

Acerca del capital emprendedor casos como Corea del Sur resultaron de una fuerte apuesta con recursos públicos al desarrollo industrial, mientras que en los casos malayo, chino y de Singapur, demuestran el decisivo aporte de las corporaciones transnacionales en éste propósito. Acá solo nos interesan las multinacionales para que exploten los recursos naturales o hagan maquila, que miopía y despropósito.

Aunado a lo anterior, la gestión traducida en el compromiso y la ejecución de la política pública para la innovación muestra señales preocupantes en comparación con las experiencias que han logrado cerrar brechas. En particular vale la pena mirar una vez más el caso de Singapur, que definitivamente tiene lecciones que bien debemos emular en las regiones cercanas a los océanos Atlántico ó Pacifico.

Acorde con John Kao (2008), lo que se considera generalmente como el motor del progreso incesante de Singapur ha sido su gobierno en las últimas cinco décadas. La gestión de las adecuadas políticas públicas se lleva todo el crédito y liderazgo en la transformación de Singapur, que es hoy un país rico, elegante y sofisticado, donde las fortalezas en innovación y en emprendimiento surgieron del sector público.

Singapur es la prueba de la importancia del gobierno en el impulso de la agenda de innovación y un ejemplo fascinante de cómo la administración puede trabajar por la innovación. El actual presidente de Singapur Tony Tan Keng Yam (1940), físico con doctorado en matemáticas aplicadas y maestría en investigación de operaciones, es quien preside personalmente el Consejo Nacional de Ciencia e Innovación, que a su vez supervisa la Fundación Nacional de Investigación que financia los megaproyectos innovadores.

La mayoría del gabinete tiene una formación avanzada, así que allá no hay problema en comprender la importancia de invertir en innovación científica ó tecnológica. En conclusión, en el foco y la gestión está la diferencia clave entras las políticas públicas para la innovación perversas ó virtuosas, ¿con cuales nos quedamos?

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