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Calidad del capital

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Sobre este novedoso, útil, vital, pero también desaprovechado concepto, me he referido hace rato así como en recientes artículos, donde lo describo como el asociado al emprendimiento de calidad, es decir el orientado a la innovación de clase mundial, proclive al conocimiento y las exportaciones, activo y dinámico participe en las cadenas globales de abastecimiento de valor agregado.

Al respecto, el Indicador Global de Innovación elaborado por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, junto al Insead y Cornell, resulta un buen diagnóstico sobre nuestra situación en el tema, por ser radiografías del agregado nacional en comparación del mundo, indicador que llegó a la novena edición en agosto del año pasado, dedicado a las ganancias de la innovación global.

Vemos a Colombia en 2016 manteniendo una posición mediocre, de 63 entre 128 países, donde en la región, Chile fue 44, Costa Rica 45, México 61 y Uruguay 62, es decir casi que en las mismas, con el liderazgo mundial de Suiza, seguida de Suecia y tercero el Reino Unido; siendo saludable revisar el origen de esto, proveniente de la combinación de subíndices de entrada y salida de innovación, convenientes de analizar sobre todo en los primeros los relacionados con la sofisticación de los mercados y los negocios, así como todos los segundos, propios de las entregas de conocimiento, tecnología y creatividad.

Acerca de la sofisticación del mercado estamos de 21, destacando como fortaleza la facilidad para conseguir crédito que ocupó la posición 2 del mundo, así como la protección a inversionistas minoritarios de 14, sin embargo hay debilidad con relación a los negocios de venture-capital en la posición 74. Por su parte, en la sofisticación de los negocios vamos de 70 y sobresale la cantidad de firmas que ofrecen entrenamiento formal que nos merece la posición 6, pero languidece por los vínculos de innovación de 107, resultante de la incipiente cantidad de negocios asociados a joint-ventures y alianzas estratégicas en la posición 73, así como por la absorción de conocimiento de 61, proveniente del pobre porcentaje de talento dedicado a investigar en la empresas donde nos ubicamos en la posición 78.

Al revisar las salidas tecnológicas y de conocimiento, vamos de 82, derivado de la poca creación de conocimiento de 87, con buen nivel de certificación de calidad de 16, pero pésima difusión del conocimiento de 103, proveniente entre otros de la pobre contribución a las exportaciones de servicios de las tecnologías de la información y las comunicaciones de 107. En las entregas creativas estamos de 68 y la de los activos intangibles nos coloca de 79, los bienes y servicios creativos de 73, aunque se destaca el sector de los impresores y publicistas en la 19.

De ahí, estamos en un contexto que muestra un ineficiente subdesempeño nacional en la materia, que deberá ser bien asimilado al construir respuestas correctas que consideren todas las políticas públicas relacionadas con el tema.

Conviene entonces revisar las recomendaciones de este informe que resalta la importancia de la inversión extranjera directa guiada por la tecnología o de calidad, que considera particularmente importante para el crecimiento y la transformación. Por eso, juzgar con el mismo racero al fomentar o gravar a todas las empresas es el principal error, secular por demás, al diseñar y evaluar esas políticas.

A centrarnos entonces en el capital de calidad, fundamento del desarrollo sostenible innovador a rescatar.

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