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Banca de fomento productivo

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Un tejido productivo incipiente requiere de medidas de fomento que estimulen e impulsen debidamente las actividades y apuestas más favorables para lograr el desarrollo, en nuestro caso particular y sin lugar a dudas, las propensas al conocimiento donde carecemos de competencias y capacidades y además tenemos ventajas comparativas aprovechables para gestar y fortalecer clusters y cadenas.

Al respecto, a continuación presento lo que creo debería ser el rol de nuestro banco de desarrollo especializado en negocios, es decir, Bancóldex, que ha venido haciendo bien la tarea, pero sin embargo, estimo necesario ampliar su oferta de servicios de financiación y fomento, de forma tal que responda mejor a los retos que tiene una transformación productiva innovadora de mayor alcance y resultado.

En primer lugar, señalar que aunque Bancóldex se vende como banco de desarrollo y la gestión que realiza ciertamente apunta en esa dirección, ese objetivo misional primario no está incluido en sus estatutos. Vale mencionar que los bancos de desarrollo del mundo se caracterizan por apoyar con productos de financiación a largo plazo y costo razonable a determinadas actividades y sectores.

Bancóldex inicialmente se orientó a satisfacer las necesidades de los exportadores conforme su objeto social: “financiar, en forma principal pero no exclusiva, las actividades relacionadas con la exportación y con la industria nacional, actuando para tal fin como banco de redescuento, antes que como intermediario directo”; actividad que amplió para incluir empresas en casi todos los sectores.

Por eso atiende requerimientos de financiación (crédito, leasing y descuento de facturas) con líneas para la microempresa, la pyme y la gran empresa, con una cartera de $4,5 billones. También ofrece capacitación empresarial y servicios a los exportadores para ayudarles al cierre exitoso de negocios. 

Además, está a cargo de programas especiales como el de Transformación Productiva, Innpulsa ($182.000 millones desembolsados), el de inversión en fondos de capital privado “Bancóldex Capital” ($640.000 millones disponibles y $80.000 millones comprometidos en 2012) y el de Banca de las Oportunidades (desembolsos totales por más de $18 billones), así como la financiación del Plan de Impulso a la Productividad y el Empleo (Pipe) para fortalecer al sector empresarial ($375.000 millones desembolsados).

Aunque todas estas actividades tienen que ver con realizar banca de desarrollo al financiar y apoyar sectores claves para el crecimiento y la equidad, la verdad veo necesario incluir más y mejores medidas de fomento, que sobre todo respondan a movilizar la inversión en actividades no atendidas por problemas relacionados con fallas de mercado, escala de la operación o, relación costo beneficio.

Este problema de desarrollo institucional no ha sido debidamente tratado por estar supeditados sólo a pensar en superar las fallas de coordinación y apropiabilidad, siendo también necesario solucionar las imperfecciones en el mercado de capitales, no con subsidios retardatarios, sino con medidas que incentiven la inversión hacia las actividades proclives al saber que sirvan para realizar nuestro potencial.

El referido fomento más que de financiación se trata de dinamizar la inversión en las fronteras productivas donde carecemos de competencias y capacidades, con medidas que favorezcan y promuevan la atracción de las masas críticas requeridas para el efecto, el capital humano y emprendedor de clase mundial, tan útil para cerrar brechas y colocar a la vanguardia a nuestra economía y sociedad.

Al respecto, es preciso mencionar la labor que realiza el área de servicio al inversionista de Proexport, que considero debería estar dotada desde la banca de fomento, de más y mejores instrumentos para una mejor atracción y vinculación de la clamada inversión greenfield, que cree y geste nuevos encadenamientos y clusters productivos en las referidas oportunidades.

Vale, entre otros, repasar al exministro chileno Andrés Velasco sobre diversificar la economía para seguir creciendo y apostarle a ser abastecedores en las cadenas globales de suministro, pero además lo dicho en estas páginas hace poco por el presidente de GM Colmotores, Jorge Alejandro Mejía: “se necesita un modelo diferente que incentive a la industria”.

El qi del asunto, es decir, el flujo vital, está en el cómo, con argumentos solventes, consistentes y pertinentes, que además incluyan la soberanía. Vaya desafío.

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