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Alianza y TLC: de la cooperación a la competencia

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El contexto actual es definitivamente el más conveniente para hacer una reflexión que también debería ser responsablemente considerada en las altas esferas del poder, hago mención a develar lo que está por venir de la Alianza del Pacífico, sin lugar a dudas un acuerdo extraordinario para ampliar el cuestionado tamaño de los mercados; así como de los Tratados de Libre Comercio (TLC) firmados por Colombia.

 
En principio sobre los TLC, convertidos en la vedette y panacea para lograr el desarrollo, la estimo una visión y doctrina reduccionista que amerita un análisis más ponderado al redimensionar los posibles riesgos y oportunidades que conlleva, en aras de verdad de lograr la transformación productiva que saque del atraso la anquilosada estructura industrial y beneficie a toda la ciudadanía.
 
De la misma manera con la Alianza del Pacífico es preciso analizar éste loable y significativo esfuerzo, para tener las soluciones que permitan tomar el mejor provecho del mismo. Sin embargo, las respuestas de política aunque parecieran estar enmarcadas en la dirección correcta, la verdad considero que falta mucho para asegurar un cierre efectivo de las brechas del conocimiento y la producción.
 
Lo anterior con el agravante de la dinámica productiva actual, que es a toda luz regresiva y muestra síntomas inequívocos de estar agotada, pero más grave aún, subordinada y aberrantemente dependiente de insumos importados relacionados con el conocimiento, lo que se observa fácilmente en los guarismos acerca del tema dados por el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo.
 
El informe sobre la “balanza de sectores” desde el año 1991 hasta 2012, exhibe la evidencia de lo antes descrito, y aunque la balanza total pasó de ser negativa en la década de los 90 con menos de -1.000 Millones de Dólares MD, a positiva en promedio hasta 2008 de 500 MD; y a más de 5.000 MD en 2011 y 2012, cifra ésta última sustentada en las exportaciones de petróleo de más de 25.000 MD.
 
Se ve que el superávit comercial solo es proporcionado por el sector primario, donde al Pareto del petróleo, le siguen en importancia el carbón, el café, las flores, el ferroníquel, el banano, las esmeraldas y otros mineros; que brindan el sustento requerido para responder al déficit evidenciado en todos los otros sectores, algunos preocupantes como el abarcado por el agropecuario.
 
Dentro de la industria liviana la única que deja superávit es la editorial, por demás en retroceso de 83 MD en 2009 a 10 MD en 2012, no obstante las cifras en todos los otros renglones: el industrial, de industria liviana y básica, maquinaria y equipo, e industria automotriz; son deficitarias y en claro decremento. En el mismo lapso de tiempo el industrial pasó de -18.000 MD a -35.000 MD.
 
Pero bueno, ¿qué conllevan la Alianza del pacífico y los TLC: cooperación ó competencia internacional?, la respuesta aunque no muy clara al final se llega a ella fundados en la lógica comercial, donde manda la productividad y por ende la competitividad, pero líderes como la presidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla, sostiene que las pugnas comerciales tienen un final con estos instrumentos, lo cual no es la realidad de la guerra por los mercados librada en la era actual, donde priman los países con políticas públicas virtuosas al intervenir los mercados, que permiten a sus ciudadanos ser dignos victoriosos en la globalización con soberanía.
 
Sin embargo, la mayoría tecnócrata aún piensa que los principales medios que debemos trabajar están en los acuerdos comerciales y la infraestructura, y olvidan la importancia del capital humano y el capital emprendedor que están en la médula del problema del desarrollo; la educación e inversión emprendedora de clase mundial requerida para cerrar las brechas del conocimiento y la producción. 
 
El embeleco doctrinal en el cual estamos inmersos desborda la búsqueda con ahincó de la verdad y el autentico beneficio general, tal vez por complejos palpables desde Edipo en el poderío propio al establecer lo que resulta veraz ó no. De ahí, como lo proclamó Focault en las “lecciones sobre la voluntad del saber” (1976), las relaciones entre el poder y el derecho en procura de la verdad, siempre generan conflictos, y sobre todo, su aporte acerca del poder pastoral fundado en el pensamiento de Heidegger: “el lenguaje es la morada del ser y el hombre es su pastor”. Ojo con nuestro lenguaje y doctrina, es nuestro único verdugo ó redentor.
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