Analistas

Al borde del abismo

La región parece padecer del trastorno de equilibrio generado por las enormes brechas y vacíos que cada día se profundizan hacia precipicios sin fin, y se magnifican dada la lejanía por la creciente distancia con las lógicas y dinámicas de la economía y sociedad del conocimiento, situación característica en toda Latinoamérica que es preciso enfrentar y revertir bien so pena de fenecer.

Por supuesto que tal vértigo es una sensación bastante confusa en tanto surge cuando la política económica gira solamente alrededor de satisfacer demandas internas, pero desconoce los fundamentales y móviles de las externas, vale decir las demandas globales en contexto general y así logra exacerbarlo por no dar respuesta ni solución, ni a una ni a otra, a más de acentuar dependencias.

En nuestro caso el último informe Consejo Privado de Competitividad (noviembre 2017), es una muestra fehaciente del anterior diagnóstico, en tanto muestra por ejemplo, que el porcentaje de productos nuevos exportados por Colombia fue de tan solo 0,4% en 2014, de 0,55% en 2015 y 0,7% en 2016, que resulta bastante insuficiente si lo que se ha pretendido y buscado es diversificar y sofisticar el aparato productivo. Lo anterior cobra mayor relevancia al notar el desempeño del comportamiento de las exportaciones según intensidad tecnológica en 2016 que muestra para Colombia un aporte del 11% de los productos de alta intensidad tecnológica, lo cual contrasta con nuestra antípoda y par, Malasia, que sin ser una meca de la ciencia, ese mismo reglón representa 45% de las exportaciones; lo propio sucede en las de media intensidad tecnológica con 5% para Colombia y 14% en Malasia.

Al respecto y aunque hablar de derecha e izquierda es anacrónico hoy en día, la triste realidad en nuestro medio es que éstas distracciones siguen vigentes, visibles fácilmente en las propuestas del candidato con mayor aceptación en la izquierda, con sus locas ideas de corte ultra populista con las que quiere venderse como el Robin Hood de oprimidos, que nos pueden llevar al mayor abismo de atraso, inequidad y pobreza, en tanto resulta un grave error, desconocer la forma como la economía del conocimiento o del saber cómo él la vende, depende sí y solo sí, de la innovación científica y tecnológica, circunscrita, delimitada y permanentemente ampliada en fronteras y dominios por el sistema global de innovación, donde las protecciones y subsidios están mandados a recoger hace rato, siendo las alianzas y cooperación la salida.

En esto lo crítico está en definir sectores estratégicos al formular y ejecutar la política pública para insertarnos en la sociedad del saber, lo cual será posible al enfocarnos en las competencias y capacidades de aquellos con pendiente elevada en la curva de desarrollo tecnológico, pero además alto grado de eslabonamiento productivo, solución viable a lo insondable e incomprensible.