Según las informaciones disponibles, el perfeccionamiento de las vacunas, que constituyen la artillería pesada para derrotar la pandemia, está a punto de asegurar su utilización masiva. Su aplicación, por supuesto requiere una preparación cuidadosa y una concientización a fondo de quienes serán sus usuarios.

Para empezar, la circunstancias de excepción que viviremos este fin de año nos obligan a hacer un balance de 2020 para responder a la pregunta que 50 millones de colombianos comienzan a hacerse: ¿cómo me fue con la pandemia? Tema ingrato, amargo, difícil de afrontar con ecuanimidad, pero ineludible.

El balance suministrará los datos objetivos para no entrar a tientas en la oscuridad de los próximos meses, con vacuna o sin ella. Traerá, sin duda, las desazones e incertidumbres de una emergencia, para la cual nadie estaba preparado. Pero, al menos, 2021 empezará con la experiencia acumulada de estos 12 meses.

Por eso, cuanto antes se decidan unos temas esenciales, mejor para los particulares y para el Gobierno. Todo lo que baje la indefinición ayuda a trazar la hoja de ruta de los ciudadanos y sus familias.
Aunque no obtenga el grado de exactitud ideal, cualquier adelanto será de valor inapreciable para organizar la vida de individuos y empresas. Y el efecto será todavía más benéfico si se logran coordinar actividades para que los jóvenes estudien y los padres trabajen.

Los hogares, por ejemplo, se tranquilizan cuando les definen cómo será la asistencia de estudiantes a escuelas, colegios y universidades y escogen si corren el riesgo de contagio o se resignan a las dificultades de la enseñanza virtual.

Lo mismo ocurriría si se implementan unos recursos de emergencia, para que las decisiones fluyan rápido por los canales de la administración pública y eviten que los buenos deseos desemboquen en la frustración de los presuntos beneficiarios.

Y está por perfeccionarse el gran tema de la aplicación de la vacuna que acapara las esperanzas de la humanidad entera. Así no veremos una batalla campal para decidir quién se la aplica primero y cómo se hará la selección de las marcas a medida que vayan apareciendo. Es preferible adelantar la discusión ahora y no esperar a ver quienes participan en la gigantesca operación, para que el remedio no se pierda entre maniobras especulativas.

Se entiende que la lista de preferencias anunciada se elaboró teniendo en cuenta todos los factores relevantes para una clasificación que influye sobre la vida misma de los colombianos. Pero, una insistencia en los detalles nunca será excesiva. No sobra reforzar el consenso que debe respaldar una medida tan delicada como decidir quién muere antes y quién debe soportar más tiempo una espera en la cual se le puede ir la vida.

En circunstancias terminales, cualquier precaución es poca para lograr una ordenada repartición de los recursos científicos y evitar una pugna feroz para agarrar un salvavidas. Cuanto mayor y más pronto se aborde el tema y cada persona sepa qué debe hacer y cuándo, dónde y cómo debe hacerlo, habrá mayores probabilidades de cumplir con éxito esta gigantesca operación de salvamento de vidas.