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Presidente de la República: ¿equilibrio o concentración de poderes?

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La propuesta de reforma política que presentó el presidente de la República, Juan Manuel Santos, a través del Congreso, se considera el acontecimiento político de mayor relevancia de sus dos períodos presidenciales. Se promueve con el estandarte de equilibrar los poderes ¿Ustedes, lo creen? 

Llama poderosamente la atención la forma como el Gobierno Nacional la presenta, asimismo,  cómo difiere lo que designa de manera sugestiva y aparentemente democrática, con los propósitos reales que encarna el proyecto de reforma constitucional. 

Lo que enuncia es de estirpe democrática que propende por convertir nuestro Estado en un real Estado Social y Democrático de Derecho con separación y equilibrio material de poderes. Es, en apariencia, algo plausible que debería aceptarse en forma razonable.

Sin embargo, una cosa es lo que se enuncia y anuncia, y a veces, otra cosa es lo que en realidad se promueve. Existe una distancia entre la apariencia y la esencia de la reforma política. 

Se enuncia y anuncia la idea de que los poderes públicos deben ser equilibrados y separados, pero la simple lectura del texto de reforma política confirma que esta propuesta fortalece el poder presidencial, en detrimento de la separación de poderes que debe existir en una república democrática, en beneficio de la libertad y los derechos. Un país más centralizado se propone con mayor poder presidencial. Es importante que el Gobierno Nacional reflexione al respecto.

La prohibición de no reelección inmediata del presidente es bienvenida. Ni más faltaba. La reelección presidencial empobreció la alternación en el poder, clave de la democracia, creación política de los griegos que es registrada en ‘Los sietes contra Tebas’ y en ‘Antígona’ de Esquilo y Sófocles en el teatro griego. 

No obstante, la propuesta, como lo registra ‘La Odisea’ de Homero, esconde un Caballo de Troya. Este es que el presidente de la República puede prolongar su mandato por interpuesta persona de un vicepresidente de la República que tendrá una gran ventaja de avanzar su campaña desde el ejecutivo.

El fortalecimiento del poder presidencial y por consiguiente, la negación real del equilibrio de poderes es visible en la reforma política con dos instituciones que entrarán a ser manejadas por el presidente de la República. Estas serían la Contraloría General de la Nación y la Procuraduría General de la Nación.

El control fiscal y el poder disciplinario, según el proyecto, estarán bajo la férula del poder presidencial, en la medida en que las ternas de las cuales el parlamento escogerá al contralor general de la República y el procurador general de la Nación las diseñará y aprobará directamente el presidente. 

No se puede pasar por alto que la filosofía política de las sociedades democráticas en occidente desde antes del siglo XVIII vio en el debilitamiento de la monarquía absolutista y en la separación de poderes, la cuna de la libertad, por lo que el poder presidencial no puede concentrar poderes. 

Asignarle al presidente de la República la atribución constitucional de entregar las ternas al parlamento para que seleccione a las autoridades responsables del control fiscal y disciplinario que vigilarán entre otros, al propio presidente de la República, es convertir los controles fiscales y disciplinarios en órganos sin la independencia necesaria.

En un primer juicio acerca de la reforma política quedan serios temores. En vez de fortalecer la democracia al debilitar los excesos del presidencialismo monárquico existente, lo que se está proponiendo es precarizar más la democracia.

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