jueves, 23 de julio de 2020

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“Se creían libres y nadie sería libre mientras haya plaga”. La peste, escrita por Albert Camus.

Hay expectativa de una reactivación económica por fases, pero aún no podemos entender cómo será la dimensión y la ruta estadística de la pandemia, tampoco estamos claros de su peligrosidad real y no se vislumbra una solución inmediata.

Sabemos de la amplia expansión que aún va a tener el virus. Yo estoy saliendo de mi contagio y aprendí en carne propia sobre la necesidad de reforzar el sistema inmunológico y fortalecer los pulmones para evitar, a toda costa, un deterioro progresivo que nos lleve a necesitar mayor oxigenación e intubamiento en la Unidad de Cuidados Intensivos.

Por eso me inquietó conocer el impacto emocional de las personas que han estado en Unidades de Cuidados Intensivos. Hablé con amigos que estuvieron allí por más de 30 días para luego compartirles a ustedes sus enseñanzas.

Todos empezaron con una hipersensibilidad y una fiebre baja que fue en aumento. Coinciden en la importancia de evitar complicaciones más severas en los pulmones que obligue a recluirse en una UCI.

Desde el momento que salen de su casa en ambulancia pierden el sentido de la orientación, se les escapa el manejo de la vida.

Los conectan y hasta los amarran a una serie de aparatos que le dan vida artificial, están totalmente sedados y no recuerdan absolutamente nada. Pasan los días en un coma inducido sin conciencia y una desorientación total en el manejo del tiempo. El enfermo habla incoherencias y nadie puede prestarle la debida atención porque saben que es fruto de sus altos niveles de sedación.

Es como si vivieran en un tiempo perdido, los recuerdos son borrosos y salen desorientados sin poder hablar porque el mismo intubamiento termina deteriorando las cuerdas vocales y la tráquea. Por ello, insisten en que hay que prevenir para no llegar a la Unidad de Cuidados Intensivos. Es muy alto el riesgo.

Coinciden en que es muy difícil salir con vida de esta etapa final por toda la complejidad que acompaña al enfermo.

En la UCI solo escuchas a tu lado sobre los avances de los otros pacientes. Puedes entender, entre sueños e inconsciencias, que la bolsa blanca que tienes al costado es una persona que acaba de morir y tú en tu aturdimiento, siempre estás pensando que puedes ser el próximo.

Aún hoy sienten que la cabeza les vibra, que el deterioro en la tráquea y en la lengua perdura mucho tiempo después.

Hay que tomar precauciones y organizar bien la etapa de cuidado previo. Dependemos del asombroso poder de recuperación y de lucha que tiene el ser humano y, evitar, a como dé lugar, llegar a Cuidados Intensivos.

Hay que construir con más humildad e inteligencia colectiva un gran equipo entre Gobierno, ciudadanía y sistema de salud para cumplir cada uno con su tarea.

La tendencia creciente de utilización de las UCI es porque la gente no se está cuidando lo necesario y hay poca disponibilidad de camas de esa área. Pronto estaremos en la difícil tarea de escoger a quién se salva. Si colapsan estas unidades finalmente pondrán en peligro todo el sistema social.

Los amigos que superaron el covid-19 tienen videos virales al salir de la clínica, aplaudidos por el cuerpo médico y toda la ciudad, pero lo que vivieron en UCI nos invita a cumplir con las medidas de protección. En nuestras manos están nuestras vidas.