Analistas

Un estado incapaz y clientelista

Imposible no hablar del debate presidencial cuando estamos ad portas de que el país tome en 15 días una de las decisiones más importantes de su vida republicana, pues hacía varias décadas no entraba en el juego político el cuestionamiento de un modelo económico y de un Estado divorciado de la sociedad. El debate tiene ingredientes novedosos, pues por diferentes razones se está cuestionando el papel del Estado actual frente a la Justicia, la educación, la salud de los colombianos y su rol para ofrecer igualdad de oportunidades en el esquivo camino de la justicia y la equidad.

La presencia de actores que cuestionan la responsabilidad o la irresponsabilidad del establecimiento ha llevado a las calles de Colombia el debate sobre los temas que más afectan a los ciudadanos de a pie. Los medios de comunicación, al igual que los medios en el mundo, son presos del sistema económico y están supeditados a los intereses de sus dueños, lo que constituye la razón de su crisis. No nos queremos dar cuenta que los ciudadanos del común resolvieron salir a las plazas a oír lo que no se dice en los medios o lo que se oculta sibilinamente para mantener fidelidades.

Vengo insistiendo hace rato que no me parece prudente cerrar las puertas al registro de lo que está pasando en las plazas del país, porque podríamos llevarnos una sorpresa que no conviene a la salud de la democracia. Todos los candidatos hacen un esfuerzo por ofrecer todo tipo de soluciones a los males de la sociedad; pero sin lugar a dudas hay temas que tocan la sensibilidad de los de arriba y de los de abajo que pueden generar resultados insospechados.

La crisis venezolana dejó de ser un fantasma castrochavista para convertirse en una realidad que afecta al país, pues podrían acercarse al millón los ciudadanos nuevos que, huyendo del régimen torpe y antidemocrático de Maduro, llegan a Colombia generando todo tipo de desequilibrios sociales.

En temas ambientales surgen nuevos retos que no teníamos en la agenda. El cuestionamiento de la minería extractiva y la necesidad de utilizar energías limpias y sostenibles, más acordes con la salud del planeta, enriquecen la agenda nacional y eso es positivo.

El debate presidencial ha generado una serie de preocupaciones que no figuraban en la mente de los colombianos. La controversial propuesta del candidato Petro sobre el problema de la tenencia de la tierra y la necesidad de eliminar el latifundio improductivo, revive un debate centenario que ha sido centro del conflicto histórico de una sociedad que no ha podido superar las relaciones feudales del campo colombiano.

Muchos se rasgan las vestiduras frente al tema, pero los grandes propietarios no pueden seguir jugando a vivir de espaldas al país con los mismos sistemas, de explotación de la tierra fértil de Colombia, de hace 200 años. Hay muestras de emprendimientos responsables en zonas agrícolas y ganaderas y hay esfuerzos empresariales en la altillanura, indicando que es posible hacer la revolución productiva en el campo colombiano, donde subsisten los mayores índices de pobreza y marginalidad.

Ojalá se centrara más el debate en el con qué vamos a hacer realidad las promesas de un mundo mejor, cuando todo indica que más temprano que tarde habrá que meterle la mano al bolsillo al contribuyente y hacer reformas radicales a fondo para subsanar la falta de recursos, eliminando de tajo la corrupción y el despilfarro que cuelgan como espada de Damocles sobre un Estado incapaz y clientelista.