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La revolución de Sony

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Hace unos 25 años aproximadamente, la todopoderosa Sony era para nosotros el Apple de la actualidad. Representaba innovación, pujanza, admiración; no había persona alguna que no quisiera tener un producto Sony: bien fuera el walkman, el disco compacto, el televisor, la consola de videojuegos, la cámara de fotos o la cámara de video.

Sony estaba hasta en la sopa. Y así fue durante varias décadas. El japonés Akio Morita, su cofundador, era el Steve Jobs de entonces. Este físico y matemático, subteniente de la Armada Imperial Japonesa durante la Segunda Guerra Mundial, marcó una era de oro. Hasta las más prestigiosas universidades estadounidenses realizaron múltiples estudios sobre el estilo gerencial de Morita y su equipo.

Pero el éxito no es eterno, y con el paso del tiempo, Sony fue perdiendo su magia. Empresas que la estudiaron detalladamente, como Apple y Samsung, empezaron a comerle terreno, y la reina de la innovación se fue convirtiendo en una especie de cenicienta millonaria. Millonaria porque pese a quedarse relegada, su portafolio en otros negocios le permitió seguir cosechando ingresos récord.

Desde finales de la década pasada, Sony ha ido perdiendo participación del mercado en su unidad de negocio de ‘hardware’. Es decir, consolas de juegos, televisores, cámaras digitales y celulares inteligentes. Y en este campo las perspectivas no van a mejorar.

Es por eso que su flamante presidente ejecutivo, Kenichiro Yoshida, ha dejado entrever que Sony abandonará a medio plazo la producción de ‘hardware’. ¿Y entonces? ¿Qué quedará de la empresa, cuya fortaleza siempre fue la manufactura? Sony puede haber sufrido un duro revés en su ego, pero aún es un coloso en el área del entretenimiento global y suscripciones.

Por eso, Yoshida va a virar todo el músculo hacia la producción de contenido digital, un mercado en el que aún hay mucho terreno por conquistar. Este martes, Yoshida dio a conocer su plan para los próximos tres años e informó que las prioridades se sustentarán en las suscripciones de juegos y el entretenimiento.

Al contrario de lo que le pasó a Kodak, la multinacional de la fotografía que se quebró, Sony ha sabido interpretar las señales del mercado y, gozando de una buena salud financiera, ha emprendido un camino de reinvención cuyo destino final es establecer un monopolio de contenido.

Este lunes se supo que la empresa japonesa iba a comprar EMI Publishing, y con ello un catálogo de 2,1 millones de canciones, una suma de contenido muy importante a lo que ya tiene en Sony Entertainment.

Este cambio radical en las prioridades de Sony lleva cocinándose desde 2012, con su CEO anterior, Kazuo Hirai, pero los analistas se están mostrando cautos con este giro, ya que no saben si depositar todos los huevos en dos canastas tan volátiles dé grandes resultados a largo plazo.

Será muy interesante para grandes empresas colombianas temerosas de afrontar cambios estudiar la jugada de Sony. No son pocas las compañías nacionales que están frente a decisiones cruciales para no desaparecer en el futuro.

El mundo ha cambiado y la velocidad del cambio cada vez es más rápida. Por eso aprovechen a repensar sus estrategias estando en un punto financiero saludable. Es mucho más fácil iniciar un cambio con la cartera llena, que tratar de no ahogarse por no hacer los virajes a tiempo.

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