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El arte de comunicar

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Los funcionarios técnicos, por algún motivo, le tienen cierto grado de pereza a la estrategia de comunicación de sus carteras. Les suele parecer una pérdida de tiempo, o algo insignificante frente a los temas de gran calado que manejan. Es como si se tratara de algo secundario.

El gobierno de Juan Manuel Santos dio una clara muestra de ello. Por ejemplo, en todo lo que tuvo que ver con el proceso de paz, no le prestó la suficiente atención a su estrategia de comunicación, y de todos es sabido lo que sucedió.

El poderoso y honorable mensaje de la paz terminó bailando siempre al ritmo y son del Centro Democrático.

Una gran idea, o un gran proyecto, mal comunicados, jamás llegarán a buen puerto. Y es que los funcionarios, por más técnicos que sean, no pueden ignorar que la comunicación, lo que mueve la fibra de los humanos, es clave para cualquier desenlace exitoso. El novelista estadounidense Norman Mailer decía, con mucho atino, que los grandes liderazgos van de la mano con un gran uso de la comunicación.

¿Y a qué viene esta perorata sobre el arte de comunicar? Nada más ni nada menos que a los derrapes que ha tenido el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, en sus pronunciamientos sobre la próxima reforma tributaria que se avecina.

En dos foros supremamente técnicos y especializados -Andi y Asobancaria-, en donde el lenguaje que se maneja no puede estar más alejado del colombiano del común, Carrasquilla develó que había que crear una especie de Sisbén para los ricos y que se iva, mejor dicho iba, a grabar toda la canasta familiar. Las críticas no se hicieron esperar. Y es que contar no es necesariamente comunicar.

Hablar sobre temas económicos nunca ha sido fácil. Y mucho menos cuando el asunto está relacionado con impuestos, tan necesarios como tremendamente antipáticos e impopulares. Pero así como Carrasquilla y sus funcionarios se trasnochan meses trabajando en los programas que van a implementar, así deberían contar con un equipo de expertos haciendo lo mismo en la estrategia de comunicación.

Ninguna pedagogía sobre gravámenes dejará contento a todos los colombianos, es cierto. Habrá voces que se alcen diciendo que se nos está aplicando vaselina. Otras personas, en su empeño por destruir, persistirán en sus críticas. Sin embargo, la realidad es que hay muchos colombianos, más de los que creemos, que son racionales y se preguntan por qué el Gobierno no explica en detalle, en un idioma coloquial, el porqué de sus medidas.

Según un estudio del Project Management Institute, la mala comunicación es la principal causante del fracaso de un proyecto. Es más, en más del 50% de las veces, esta tiene un efecto muy negativo en el desarrollo del mismo, haciendo más compleja su ejecución para todos los involucrados.

Este lunes, los editoriales de La República y de Portafolio, los dos periódicos económicos más importantes del país, le hicieron el mismo llamado a Carrasquilla: dé a conocer cuanto antes el texto de la reforma. A su vez, pidieron un pronunciamiento del presidente Iván Duque al respecto.

Bien haría Duque en no repetir los errores de comunicación que tanto perjudicaron a Santos. Sin embargo, esto no es solo Duque y Carrasquilla hablando, sino el desarrollar una estrategia de comunicación quirúrgica que les permita tener el control del mensaje. Y no al revés. Eso es también liderazgo.

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