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Analistas 21/04/2021

Un imán para la inversión extranjera

Didier Tavera Amado
Director Ejecutivo de la Federación Nacional de Departamentos

En la necesidad de fortalecer la estrategia para atraer la inversión extranjera en estos tiempos de crisis, el Estado colombiano está dando pasos importantes para ambientar la llegada de capitales que nos resultarán útiles para generar empleo, potenciar la capacidad productiva y mejorar, bajo la dinámica del buen ejemplo, la competitividad de las empresas de diferentes sectores de nuestra economía.

El proyecto de ley de Solidaridad Sostenible que el Gobierno Nacional acaba de radicar en el Congreso contiene una propuesta cuya acogida significaría un paso importante en esa dirección: de acuerdo con el artículo 52 de la iniciativa, los inversionistas de portafolio provenientes del extranjero verían reducida a cero la tarifa de retención en la fuente, que actualmente está fijada en el cinco por ciento.

Ese beneficio, claro, se concentraría en aquellas inversiones relacionadas con valores de renta fija pública o privada, o derivados financieros con subyacentes en valores de renta fija. En ese rango están las operaciones con títulos de tesorería y otros documentos emitidos por el gobierno.

Sin embargo, nuestra apuesta debe ser de más amplio espectro. Es necesario generar un poderoso imán que atraiga mayores flujos de inversión permanente hacia las regiones. Hago eco aquí de las palabras pronunciadas durante la Macrorrueda de la Reactivación por la viceministra de Comercio Exterior, Laura Valdivieso, en el sentido de que hay que remover los cuellos de botella con los que se encuentran los inversionistas que desean desembarcar en el país.

Ese ejercicio debe pasar por generar estímulos que faciliten la atracción intensiva de mano de obra. Es necesario ponderar y respaldar los esfuerzos hechos por los departamentos en procura de fórmulas para sustituir las importaciones desde el territorio y atraer esa inversión con eficiencia. En sus planes de desarrollo están considerados valiosos instrumentos para regionalizar instrumentos de comercio exterior. También para adoptar ‘planes Vallejo’ que permitan traer bienes y servicios necesarios sin aranceles y obtener tratamientos recíprocos en el exterior.

Es necesario capitalizar las oportunidades que se están abriendo. Recientemente, el presidente Iván Duque destacaba cómo cerca de 1.000 compañías de 62 país han entrado en contacto con 2.000 empresas colombianas radicadas en 26 departamentos para hablar de negocios no mineros. Eso significa, ni más ni menos, ir más allá de la industria extractiva, que ha venido marcando la dinámica del comercio exterior, para identificar oportunidades nuevas en otros campos.

El país se mueve hoy en escenarios nuevos que le permitirán operar mejor el imán que atraerá con mayor fuerza la inversión que estamos reclamando. En el orden internacional, Colombia preside organismos multilaterales como la Alianza del Pacífico, la Comunidad Andina y el Foro para el Progreso de América del Sur (Prosur). En el orden nacional y local las entidades territoriales cuentan con esquemas asociativos que, como las Regiones Administrativas y de Planificación, (RAP) para generar nuevos proyectos productivos que trascenderán fronteras departamentales y atraerán a miles de interesados en hacer negocios rentables económica y socialmente.

Durante la reciente Asamblea del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en Barranquilla surgió una iniciativa que no debemos echar en saco roto. Se trata de convertir al país en un líder en nearshoring, es decir, un país que atraerá nuevas oportunidades de inversión basado en las facilidades para el reasentamiento de industrias geográficamente próximas.

Esa oportunidad, que no se da de manera silvestre, debe venir acompañada con esfuerzos adicionales para hacer más cómodos los costos de la energía, acelerar los procesos de conectividad y la calificación y tecnificación de la mano de obra. En esas condiciones, el resultado final será la generación de empleo.

Algunos críticos podrían argumentar que este ejercicio de apertura a la inversión estaría reservado a los grandes capitales. En realidad, no es así, si tenemos en cuenta que, de acuerdo con el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, hay 850.000 pymes en los 32 departamentos que buscan atraer 9.800 millones de dólares en Inversión Extranjera Directa.

Las cifras y las perspectivas nos sirven para dibujar un panorama promisorio. El tesón empresarial, arraigado en todas nuestras regiones, nos ofrece la certeza de que lo podremos lograr.